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Opinión | Editorial

Editorial | El vigor empresarial de A Coruña

Recreación de la planta de la coruñesa Russula en Ciudad Real.

Recreación de la planta de la coruñesa Russula en Ciudad Real. / L. O.

La fuerza empresarial del área coruñesa, a la cabeza en la generación de valor en Galicia, se mide más allá de los gigantes a los que se reduciría un análisis simplista. Grandes conglomerados lideran ese empuje, con, por supuesto, Inditex a la cabeza, pero con otros como Abanca, Hijos de Rivera, Gadisa, Vegalsa o Altia reforzando el poderío empresarial en esta esquina del noroeste peninsular.

Pero detrás de estos grandes nombres, por todos conocidos más allá de Galicia, numerosas compañías nacidas en A Coruña demuestran cada día su pujanza y su capacidad de innovación, de adaptación a los cambios globales y de expansión internacional. Varios ejemplos los hemos encontrado en la web y el papel de LA OPINIÓN A CORUÑA a lo largo de estas últimas semanas, con iniciativas de diferentes tamaños y sectores que ponen cara a los balances económicos anuales.

El de mayor impacto, el de la ingeniería Russula, que afronta su proyecto más ambicioso en sus 40 años de historia: la planta de acero verde de Ciudad Real, con una versión estimada de 1.600 millones de euros, cuyos promotores le han confiado su diseño. En esta área, la de las energías renovables, Ecoener despunta con su expansión internacional, que le empujó a disparar su beneficio bruto un 20% en 2025.

En el campo tecnológico, Cinfo, con siete millones de euros de ingresos el pasado ejercicio, aspira a crecer un 50% en dos años con su apuesta por la inteligencia artificial y el deporte digital. La constructora Meraki, con una veintena de obras simultáneas, facturó cinco millones el año pasado. De nacer en una pequeña oficina de Agrela con tres o cuatro personas ha crecido hasta tener treinta empleados.

La empresa mayorista Comercial Ditex va ya por su segunda generación familiar y lidera el mercado de la costura coruñesa con grandes clientes en la industria textil, pero también en las pequeñas mercerías de barrio gallegas. O el grupo Castro, de farmacias y ópticas, con una facturación de 35 millones nutrida por, entre otros negocios, la botica que más factura en Galicia o las dos ópticas que ha adquirido en Lugo para comenzar su expansión más allá de A Coruña.

Estas seis experiencias concretas ejemplifican una realidad empresarial como pocas. Empresas que apuestan por la innovación, en algunos casos sin desprenderse de sus orígenes familiares, y por la reinversión de sus ingresos para crecer y generar riqueza.

En un sector en el que, como en cualquier otro, se dan casos sin escrúpulos que buscan el beneficio por el beneficio, sin sonrojarse por los medios a los que se recurren para alcanzar los objetivos ambicionados, no sobra reconocer el esfuerzo del empresariado comprometido con su prosperidad y con la del entorno que le ha visto nacer y que le ha permitido crecer.

Detrás de este impulso no solo están empresarios con iniciativa, sino también trabajadores que, con su conocimiento y esfuerzo, han ayudado a crear un destacable ecosistema empresarial y a los que se debe reconocer su desempeño con salarios acordes a su implicación y a su aportación al crecimiento. En ellos deben repercutir también los beneficios empresariales.

Estas compañías involucradas con su realidad más cercana son las que ayudan al crecimiento de A Coruña y su área metropolitana, gracias al esfuerzo conjunto de sus propietarios, de sus inversores y de sus empleados.

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