Opinión | El rumbo del mundo
Entender o no entender nada
Los especialistas en geopolítica, de los que ahora estamos tan necesitados, son como los economistas, analizan muy bien el pasado y sus causas, pero cuando se trata de prever situaciones futuras el relato se derrite. Casi siempre ha sido así, aunque tampoco es cuestión de ruborizar. Quien más o quien menos se ha equivocado en una percepción desviada, y eso sin un elemento tan voluble como es Donald Trump, que a saber qué le pasa por la cabeza.
El presidente estadounidense ya ha demostrado en más de una rueda de prensa ser capaz de decir una cosa y todo lo contrario sin inmutarse. Lo planta en medio del discurso con toda tranquilidad, y cuela. Bien, cuela para su auditorio fiel. Otra cosa es para los que intentan ir un poco más allá. Su metodología es la del buen jugador de bolsa. ¡Y miren que es bueno! Y en la posición que está ahora, mucho mejor. No hay como tener un atril solvente, y el de la Casa Blanca lo es, para que sus palabras, aún sin sentido, aparezcan creíbles.
Después de muchas lecturas durante esta última semana para entender, no solo qué está ocurriendo en el mundo, sino también intuir hacia dónde va, les puedo asegurar sin rubor que no tengo ni idea.
Las cosas ocurren porque alguien decide conducir a un país o a una sociedad a un lugar, aunque ese espacio no exista o sea un imposible. Todos hemos vivido situaciones parecidas. Pero el mundo actual desafina, chirría, no encajan las piezas, por mucho que unos analicen A y los otros lo resuman en B.
Ya hemos leído que lo de Irán tuvo una avanzadilla con Venezuela y que el paso posterior era complicar la navegación de petroleros para debilitar la economía china. En realidad, que China era el objetivo. Pero el resultado ha sido que China le está comprando petróleo a Rusia, aunque no hiciera ni cuatro meses que su economía anunciara que dejaba de comprar crudo ruso. Unos 1,4 millones de barriles al día. Por otro lado, algunos analistas especializados en Irán aseguran que el país se estaba preparado para una situación parecida desde hace mucho tiempo. Así que el habilidoso Trump se encontraría con un inconveniente: el mundo ayatolá comenzó a preparar esta escalada mucho antes que sus especialistas geopolíticos. El verdadero problema a todo esto se centra en que, en realidad, no exista un objetivo, ni una hoja de ruta, y todo sea una improvisación no musical.
Mientras, la economía europea comenzará a resentirse, así como la española que, sin esperarlo, está en boca de Trump, aunque tampoco sabemos si eso sirve de algo. Mientras, Ursula von der Leyen se sacó de la chistera un nuevo orden mundial basado en la ley del más fuerte. No son declaraciones exactas, pero lo cierto es que el mundo está cambiando a pasos agigantados y las reglas son otras. Este tipo de organización siempre está construida por y para el más fuerte. Siempre fue así. Durante los últimos decenios, el más fuerte se sentía cooperativo. Hacía buena la frase de la escuela de que se ha de compartir. Pero eso parece haberse acabado. ¿Da miedo? Mucho. Habrá que batallar para no caer en la trampa.
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