Opinión | Shikamoo, construir en positivo
Triste oficio el de programar matar
Buenos días, amigos y amigas. Les saludo en este 21 de marzo en este primer artículo de la primavera de 2026. De la primavera astronómica, que el término es equívoco, porque la primavera meteorológica ya iniciaba su andadura el pasado día 1 de marzo. Pero sí, fue ayer día 20 cuando, a las 15 horas y 46 minutos según la hora oficial peninsular, el invierno astronómico nos dijo adiós. Ojalá que este cambio de estación nos sea propicio, que falta hace…
Podía dedicar el resto de la columna, como otras veces, a glosar las virtudes de la primavera como estación, con aderezos florales y evocación de olores y colores de ensueño. Ganas no me faltan. Sin embargo hoy la pluma me impone otro rumbo, y me acerca mucho más a gélidas realidades que poco tienen que ver con la temperatura real, y sí con la relativa a las emociones. Y es que hoy reflexiono, queridos lectores y lectoras, sobre el oficio de esas personas a las que no conozco en la realidad, pero que tenemos con profusión en nuestras pantallas, y que se dedican a programar la eliminación sistemática de otros seres humanos… Y lo haré preguntándome… ¿cómo les queda a estos el cuerpo en tal tesitura?
¿Acaso son ajenos ustedes a la existencia de tal oficio? Pues están ahí, muy presentes, y cada día nos explican que han dado la orden de eliminar a no sé quién, o que van a extraer a otro de por allá, o que sus unidades de élite van a organizar las cosas para que justo cuando pase fulano de tal por las inmediaciones de tal punto, sus misiles den exactamente en la diana, o que han colgado o baleado a tres o cuatro porque no eran próximos al régimen… Sí, ahí están… Y es que, más allá de los que matan, hay quien se dedica a programar previamente tales muertes y a intentar justificarlas desde el ejercicio de la política. Y, bueno, sin entrar mucho más en esta ocasión en la dialéctica de las cosas que hoy se dirimen, y que son verdaderamente truculentas, lo único que quería expresar en este día primaveral es que me parece un triste oficio ese de programar matar… ¿No les parece?
Y digo esto convencido porque solamente hay dos posibilidades, entiendo, cuando uno se apunta a tal tarea. O tales personas lo viven como algo horrible, pero necesario e insoslayable desde su punto de vista, o la única posibilidad adicional es que realmente lo disfruten, lo cual sería todavía mucho más terrorífico. Y es que no creo que nadie en sus cabales y sin grandes dosis de psicopatía sea capaz de pasarlo bien o siquiera sentirse cómodo en medio de tal papeleta. Entiendo que a veces en la Historia, ante la presencia de un asesino en serie o de una persona que está amenazando gravemente la integridad colectiva, alguien legitimado y con un criterio de autoridad claro pueda haber estado facultado para tomar una decisión así, pero una cosa es eso y otra estas pantomimas televisadas que, con escenario en Cuba, Groenlandia, Venezuela, Irán, Líbano, Gaza u otros que vendrán, conforman eso que llamamos actualidad… ¿De verdad la misma Humanidad que ha propiciado grandes gestas científicas, que ha concebido el arte más sublime y que ha sido capaz de protagonizar historias de superación jamás contadas, ha llegado aquí, en este punto del espacio-tiempo…? ¿Es este el Eldorado de la modernidad, con enormes intereses económicos en juego, una brecha social cada día más amplia entre los pocos que lo tienen todo y la enorme masa cada día más empobrecida, y un relato cutre e iletrado como summum de la grandeza? Ciertamente, da miedo el futuro…
Mientras, la Naturaleza parece dar la espalda a todo cuanto protagonizamos en nuestra carrera por autodestruirnos. Esa primavera a la que antes aludía ha dado el pistoletazo de salida a la floración y a la frenética actividad vital y el planeta sigue girando, parece que impertérrito, sin inmutarse por nuestras pequeñas y grandes bajezas. O, mejor dicho, por las pequeñas y grandes bajezas de quienes, en una frenética carrera desbocada hacia adelante, solamente intentan ganar tiempo antes de que la Historia les juzgue sin piedad. ¿Por qué? Seguramente por su triste oficio, jugado como si de un videojuego de buenos y malos se tratase, de desear matar y programarlo en prime time...
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