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Opinión

Bartolomé Vargas

La Semana Santa y algunos procesos históricos. La guerra actual

La situación de tensión político-mediática vivida en nuestro país, también en otros y la guerra me sirven para realizar alguna reflexión. El hilo conductor, podría haber escogido otros, son los procesos penales a Cristo y a Sócrates.

En el primero me remonto a su Pasión y en concreto al proceso previo a que fue sometido. Hay una primera conclusión y es el juicio injusto por él sufrido y sobre el que tanto se ha escrito por romanistas, juristas en general e historiadores al hilo del derecho romano y del derecho penal saduceo. Tanto en el debate entre ellos como en los textos evangélicos, se habla de la convicción del juez de Roma sobre su inocencia y las razones políticas de la sentencia o resolución dictada, presionado por el poder del acusador, el Sanedrín, que pondría en riesgo su cargo. También por la capacidad de difundir en la entonces pequeña Jerusalén infundios sobre la peligrosidad del juzgado generadores de la oposición popular al «indulto» in extremis. En realidad, no hubo proceso, fue «vestir» la decisión previamente tomada.

Observamos en el ámbito político, y sin ánimo de generalizar, condenas con conciencia de su falta de fundamento o sin hacer la averiguación adecuada y con consecuencias de hecho, siendo materia perteneciente al ámbito de la ética política tan en desuso. El derecho lo integran normas necesitadas por su naturaleza abstracta de interpretación, aunque es preciso estar muy atentos siempre, pues el «jurado social» o el de ciertos sectores de la sociedad, por mucho poder que ostenten, no decide. En todo caso, como en los tiempos de Cristo, las insidias intencionadas se producen a diario con filtraciones sobre datos fragmentarios de procesos penales en investigaciones inconclusas y de final imprevisible, con flagrante vulneración, en nuestro país, del art. 301 LECrim. Son generadoras de consecuencias personales y políticas de hecho, de verdaderas condenas a veces tan gravosas como las de derecho. Tienden a crear una sociedad «judicializada», presta a juzgar sin pruebas. Todo ello con el máximo respeto al verdadero y meritorio periodismo de investigación nacional e internacional.

 En la Apología de Sócrates escrita por Platón tras el juicio de su maestro, paralelo en este punto al de Cristo, la defensa del filósofo comienza aludiendo a las imputaciones difundidas durante tiempo en la sociedad ateniense — de la que surgía el Jurado popular (la Heliea)— coincidentes con las de sus acusadores. No había un juicio verdadero, porque existía un «pre-juicio» de gran entidad.

Qué curioso cómo nuestro acusado en Jerusalén apenas se defendiera ni tuviera abogado, pues todos sus defensores se escondieron por los temores a represalias. Sócrates en Atenas, apenas tuvo más defensa que su propio alegato. La sentencia en ambos casos ya estaba puesta y el curso de la investigación predeterminado. También ocurre, a veces, en los tiempos actuales. En ambos con todas las dudas que plantea la investigación histórica subyacían motivos de conveniencia política.

Ambos procesos representan las injusticias que hoy y siempre han padecido quienes pretenden un mundo mejor o son víctimas de un sistema injusto frente a los poderosos dominadores de la tierra. Hay un consuelo no impeditivo de luchar con toda la energía frente a ellas al simbolizar la permanencia de los ideales de justicia y solidaridad. Con el sacrificio de la propia vida, del bienestar, de la comodidad y de tantas renuncias que a lo largo de la historia ciudadanos no tan conocidos sino anónimos, han realizado. Vivimos momentos históricos para recuperar el concepto de sacrificio que en el origen latino de la expresión significa etimológicamente hacer las cosas sagradas, honrarlas, entregarlas y en una de las acepciones de la RAE «acto de abnegación inspirado por la vehemencia del amor». Llevan a la lucha interior de cada persona sin la que no hay luchas colectivas de los pueblos por una sociedad más solidaria y justa y por un progreso real de todos.

Por último, la ilegal e ilegítima guerra que han iniciado EEUU e Israel expresa hoy con la máxima intensidad cuanto se dice. Su fundamento han sido informaciones insidiosas o mejor dicho falsas para justificar las gravísimas hostilidades y en la motivación, además de la misma insidia de los procesos sintéticamente examinados, subyacen importantes intereses económicos como de modo indirecto en aquellos. Ha significado la vulneración flagrante del derecho internacional surgido tras la tragedia de la Segunda Guerra Mundial con el peligro de deslizarse hacia la tercera. Fueron 70 millones de muertos. Los tribunales y organismos internacionales, han guardado silencio «qui tacet consentire videtur». Es muy expresiva la prohibición por Israel del tradicional culto cristiano.

En nuestro país, siguiendo las tradiciones, salen los pasos de Semana Santa en algunos lugares con las tallas llenas de arte de la imaginería del siglo XVII. Generan sentimientos muy intensos hacia el Crucificado, defensor de los pobres y desvalidos y de la cultura del perdón. En el momento histórico del siglo I era un fracasado, pues la condena venía de Roma, del imperio romano, el más poderoso de entonces. Hoy, los que lo siguen en las diversas religiones inspiradas en su figura suman en torno a 2.500 millones. La historia, mientras no haya auténticos Tribunales internacionales, es la verdadera juzgadora, la que impone la sentencia definitiva.

Bartolomé Vargas es exfiscal de Sala y abogado

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