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Opinión

Algo en lo que creer

Que cuatro personas estén camino de la Luna, es algo colectivo, inalcanzable para el individualista o el egocéntrico, un regalo para los que confían en los demás

Mientras escribo, en la pestaña de al lado tengo abierto el canal de la NASA que retransmite en directo la misión Artemis II. Lo dejé abierto anoche y ahora, a las siete de la mañana, encuentro a tres de los cuatro tripulantes haciendo una rueda de prensa, flotando dentro de la nave, a cientos de miles de kilómetros de la Tierra. En un recuadro pequeño, a la derecha, se describe la posición exacta de la nave, suspendida en el negro inmenso entre nosotros y la Luna.

Marea un poco pensar demasiado en el universo. Una especie de vértigo existencial. Se produce un desplazamiento del centro reproducido a millones de escalas, como si nos miráramos a nosotros mismos a través de un microscopio y fuéramos abriendo la lente. Donde hace un segundo el centro era espabilar para ir a comprar el pan antes de que se acaben las existencias —algo realmente importante que puede marcar el devenir del resto del día—, uno de los tripulantes comenta con toda naturalidad que han tenido que cambiar la batería de no sé qué sistema y que la Tierra es tan bonita desde allí. El zoom out hace perder el sentido. Somos seres diminutos e insignificantes que, a lo largo de nuestra existencia, hemos aprendido que la harina mezclada con agua, un poco de sal y levadura da como resultado el pan.

Ese vértigo existencial y sensación de absurdidad, hace aparecer una especie de orgullo compacto por la humanidad. En ese punto es importante no tener prisa por poner las noticias. La inteligencia humana, capaz de imaginar y crear y desarrollarse hasta hacer realidad misiones como la Artemis II, es esperanzadora. Y, a pesar de que estamos obviando los intereses económicos y geoestratégicos de este tipo de operaciones, disfrutemos por un momento de la esperanza.

Es algo colectivo, inalcanzable para el individualista o el egocéntrico. Es un regalo para los que confían en los demás. Que cuatro personas estén camino de la Luna obliga a imaginar todo lo que ha tenido que aprender y cooperar la humanidad para llegar hasta ahí.

Una suerte de lucidez cuando aceptas lo absurdo de nuestra existencia y nuestras historias, que somos una anécdota dentro de una historia mucho más grande que nosotros. Si quieren regodearse en ello, cuando acabe Ben-Hur en la tele, vayan al cine a ver Proyecto salvación. También somos capaces de hacer películas que nos hagan sentir así de bien.

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