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Opinión

El autoplagio

Tengan ustedes un muy buen día. ¿Qué tal les ha sentado la Semana Santa? ¿Han tenido ustedes tiempo para descansar? O, en cambio, ¿les ha tocado trabajar duro en este tiempo en el que tradicionalmente muchas personas nos visitan? En cualquier caso, espero que los hados les hayan sido propicios y que se encuentren bien, en este tiempo luminoso en el que la carrera espacial y las bravatas ilegales e inquietantes de administraciones desnortadas, que no dejarán impertérrito al curso de la Historia, se dan la mano...

En clave nacional, tal actualidad implica importantes citas judiciales que concitan todas las miradas, y que no pueden sino servir de acicate para una necesaria, indispensable y yo diría que urgente reflexión sobre en qué se ha ido convirtiendo la praxis política de partido, tan lejos de la sociedad real… Un verdadero lodazal en el que sujetos bienintencionados navegan en el medio de conflictos de intereses, otras personas no tan centradas en el bien común y, por lo que se ve, hasta presuntos delincuentes… Y una dialéctica, ante todo, que pocas veces suma y casi siempre divide… Un horror…

El esperpento en el que se ha ido convirtiendo el noble ejercicio de la política como servicio va a más… Y uno de los últimos exponentes de tal tendencia desbocada ha acontecido en derredor del hoy vicepresidente Carlos Cuerpo, cuya carrera fulgurante al máximo nivel se labró en los últimos meses al mando del Ministerio de Economía. Y es que una cosa es que desde posiciones políticas antagonistas y discrepantes se cuestionen ideas, prácticas o creencias de los primeros espadas de los de enfrente, y otra que todo valga para hacer ruido… Creo que es bueno dilucidar qué es pertinente y qué no en dicho propósito…

La información vertida con profusión de medios, sibilina y hasta inexacta, alude a que el vicepresidente habría autoplagiado artículos de su autoría en el texto de su tesis doctoral. Los hechos que se critican incluirían una supuesta falta de referencia explícita en la tesis sobre alguna de tales publicaciones previas, pero no es menos cierto que tal práctica, inadecuada y no aceptada, no implica tampoco en sí un plagio, sino un defecto técnico que debería ser subsanado. Y es que tenemos que partir de la base de que cualquier tesis doctoral se sustenta en trabajos previos, generalmente publicados ya en revistas de reconocido prestigio, que son precisamente los que dan carta de naturaleza a dicho documento como investigación inédita y solvente. Hablar de plagio en redes sociales y con trazo grueso sugiere que el autor de la investigación no es quien dice serlo, y eso es una acusación grave y entiendo que descabellada, y hablar de autoplagio en tal tesitura puede querer decir que no se entiende bien el fundamento de cómo se construye una tesis.

Hoy las tesis doctorales han evolucionado «a la europea», y en muchos casos ya no se recurre a la formulación de todo un volumen estructurado y con una lógica propia, como antaño, sino que se limitan a la mera aportación de un número reducido de artículos previos, separatas de las revistas en los que fueron publicados, y a la correspondiente tramitación formal de su presentación de tal guisa. Que en determinada tesis no se cite uno de esos artículos es un error pero, teniendo en cuenta que muchas de ellas son la concatenación de los propios artículos grapados uno detrás de otro, ¿no estamos hablando del chocolate del loro, teniendo en cuenta los verdaderos escándalos cometidos por otros que hincharon sus currículos, incluso recurriendo a la falsificación de documentos o a la presentación de supuestos méritos que en realidad eran otra cosa de mucho menos rango…? No olviden ustedes tampoco que en España funciona bien la picaresca, y que hoy se puede identificar una cierta industria que opera en un terreno un tanto pantanoso en el campo de los méritos y los títulos, de forma que conviven titulaciones y centros de máxima solvencia y rigor con otros que poco más son que el envoltorio que pretenden mostrar a los demás… Y ejemplos tengo de primera mano, como cursos de cuatro horas o una semana con tal ringo-rango, que bien podrían parecer sesudos programas desarrollados durante años...

En fin, queridos y queridas, que no está el horno para bollos en materia de ver la viga en el ojo ajeno cuando se trata únicamente, en caso de que así sea, de cuestiones menores relacionadas con los modos de referenciar el conocimiento generado… Y es que hay por ahí verdaderas megaestructuras al respecto —que no simples vigas—, que sí claman al cielo, y ante los que convendría —ahí sí— ser más contundentes, no perdiendo el tiempo en confundir la necesidad de referenciar los propios artículos en una tesis con el plagio, el autoplagio o, directamente, la nada revestida de excelencia académica profunda y hasta estratosférica...

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