Opinión
Antes de la contrición
«Primero vinieron por los socialistas, y guardé silencio porque no era socialista. Luego vinieron por los sindicalistas, y no hablé porque no era sindicalista. Luego vinieron por los judíos, y no dije nada porque no era judío. Luego vinieron por mí…». ¿Cuántas veces hemos leído esas frases? A veces, los colectivos sobre los que cae la fatalidad varían. Su propio autor los alteraba. No son versos de un poema, ni son del dramaturgo alemán Bertolt Brecht, aunque a menudo se le atribuyen a él. Forman parte de sermones eclesiásticos que su autor, Martin Niemöller, fue improvisando a lo largo de los años. En realidad, un acto de contrición.
Niemöller fue un ferviente defensor de los nazis. El hombre era conservador, le desagradaba el desenfrenado libertinaje que creía advertir en la República de Weimar, odiaba ese arte tan alejado de la tradición alemana y, sobre todo, le horrorizaba el comunismo. Pero, pronto, el párroco comprendió que la cruz gamada tenía poco de compasión. Empezó a clamar contra los excesos del régimen hasta que, como no, fueron a por él. Niemöller sobrevivió a Dachau y dedicó su vida al apostolado del pacifismo y a entonar un mea culpa por su inicial complicidad.
Un reciente reportaje de The New York Times informa sobre los movimientos de la Administración Trump para presionar a los gobiernos extranjeros en la lucha contra lo que ellos denominan «terrorismo de extrema izquierda» y sus vínculos con ciudadanos estadounidenses. En ese grupo difuso incluyen desde comunistas, anarquistas, anticapitalistas a «ecoextremistas». No faltan las voces que alertan de una manipulación de la lucha antiterrorista que desenfoca el peligro real de la extrema derecha (el gobierno de Biden identificó a los supremacistas blancos como la principal amenaza) y pretende convertirla en una herramienta para perseguir a los opositores políticos. ¿Les suena eso de tachar al activismo y a la oposición de terroristas?
Primero fueron los inmigrantes… El miedo y el odio que el neofascismo ha sabido generar hacia ellos se ha convertido en una verdadera escuela. Con el racismo desacomplejado, continúan cayendo las barreras morales. Luego fueron las mujeres… Ya se habla abiertamente de las bondades del retorno al hogar, incluso algún personaje de la corte tecnológica cuestiona el sufragio femenino. Qué oportuno sería: más puestos libres de trabajo (ante la escasez que provocará la IA), posibilidad de recortes en atención a los cuidados y la mitad de la población calladita. Ahora llega el turno de todos aquellos que cuestionan el sistema... ¿Y mañana?
Las redes sociales se han convertido ahora en una invasiva y permanente campaña propagandística. Sobre todo para los menores, quienes son adoctrinados y adocenados por las pantallas. Un machismo inflamado que pretende convertir a los hombres jóvenes en soldados de la causa. Los valores morales y el sentido crítico en cuestión. Y una red de control y represión que va extendiéndose colectivo en colectivo. ¿Cuánto sufrimiento está por venir hasta que llegue el momento de la contrición?
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