Opinión
La OTAN es mía
Si a Felipe González le llegan a decir en marzo de 1986 que 40 años después un presidente de los Estados Unidos pensaría en la posibilidad de echar a España de la OTAN a lo mejor no se hubiera metido en aquel embolado. Porque el referéndum sobre la permanencia en la Alianza Atlántica fue traumático y generó una división política y social tan grande que incluso se trasladó al seno de las familias de cada cual. Los sondeos coincidían en predecir la derrota del Gobierno y González amenazó con dimitir si lo perdía. Estaba aún en estado de gracia y ganó. Y ahora que aquí a nadie preocupa ya la pertenencia a la Alianza, salvo a Podemos y similares, la agencia Reuters informa de que un correo interno del Pentágono plantea la posibilidad de suspender a España como miembro de la OTAN. No parece que la expulsión unilateral sea posible. Al menos no se recoge así en el Tratado, pero el presidente Donald Trump parece pensar que puede aplicar en una asociación militar internacional los mismos criterios que sigue en la administración estadounidense: si alguien no le sigue la corriente o deja de gustarle, lo cesa y ya está, problema resuelto.
Quizás echar a unos u otros del Gobierno de Estados Unidos no tenga consecuencias, pero en una alianza intergubernamental del calado de la OTAN las repercusiones, incluso para el país que decida las represalias, pueden ser graves. Sobre el uso de las bases, por ejemplo. Más aún si Trump, erigido en el amo del cortijo, amenaza con vengarse de prácticamente todos los países miembros porque no le han secundado en su guerra en Irán. No es que le tenga una manía especial a Pedro Sánchez, que parece que sí, o al británico Keir Starmer, que parece que también, es que está enfadado con todos. Cumpla o no con sus amenazas, ha llegado el momento de que Europa se plantee sin demora su propia seguridad al margen de Estados Unidos, que podría dejarla en cualquier momento en la estacada. Como dice el primer ministro polaco, Donald Tusk, «si nosotros mismos no garantizamos nuestra seguridad, nadie lo hará por nosotros».
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