Opinión | Crónicas galantes
OTAN, de entrada, no (de salida, tampoco)
Estados Unidos, que es la OTAN, quiere echar a España de la OTAN. Para ser más exactos, el que formula tan extraña amenaza es su presidente, Donald Trump, un ultra de derechas que en este punto coincide con parte de la izquierda española.
«OTAN no; bases fuera» coreaban en las manifestaciones de hace cuarenta años los progresistas de entonces. Hoy se ha acotado ese campo a la izquierda situada a la izquierda del PSOE y, en el plano internacional, al gobierno del emperador Trump, que tampoco simpatiza con la alianza fundada por su propio país.
El Gobierno de un partido ya extinto —la UCD— fue el que decidió, un poco de tapadillo, la incorporación de España a la alianza atlántica. Felipe González concurrió meses después a las elecciones bajo el lema «OTAN, de entrada, no»: un imaginativo eslogan publicitario que parecía ideado por un gallego. Podía interpretarse como «de entrada, no; pero luego ya veremos» o también en términos de un radical «no» a la entrada en la organización. Depende de cómo se mire.
González ganó los comicios y, en consecuencia, se vio en el brete de honrar su promesa sin molestar más de lo necesario a los americanos. La fórmula consistió en organizar un referéndum sobre la permanencia de España en el que el Gobierno se desdijo de sus anteriores posiciones para hacer campaña a favor del sí. Y lo ganó.
Una de las condiciones para refrendar la pertenencia del país a la OTAN era que España no se integrase en su configuración militar; pero lo cierto es que tardó apenas unos años en obviar ese requisito. Tanto es así que hoy ejerce el mando rotativo de la Fuerza de Respuesta Aliada, en Rota; además del Centro de Operaciones Aéreas Combinadas de Torrejón, entre otras aportaciones.
Dadas esas circunstancias, se ignora la razón por la que Trump la ha tomado con España, que siempre fue un aliado de fiar. Se entendería mejor que le profesara ojeriza a Francia, país al que Charles de Gaulle retiró efectivamente de la estructura de mando militar de la Alianza., situación que duró cuarenta años. «La OTAN, es decir: Estados Unidos», proclamó más de una vez el nacionalista De Gaulle para justificar, quizá, aquella decisión.
No es el caso de España, que fue introducida y reintroducida por dos distintos gobiernos de filiación conservadora y socialdemócrata. Con lo que le costó a González convencer a los españoles de que era necesario el ingreso en esa organización político-militar, sorprende un poco —o mucho— que el imperio fundador quiera expulsarnos ahora.
Estos son, sin duda, misterios de la política, que es ciencia inexacta y voluble. No de otro modo se explica que el más que derechista Trump se haya apropiado a estas alturas del «OTAN, no; bases fuera» que muchos años atrás unió a casi toda la izquierda española. Ya ni sabemos cuál es nuestro bando.
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