Opinión | Shikamoo, construir en positivo
Personas y libros, rodeados de belleza en Budapest
¡Buenos días! La verdad es que me parece increíble estar coincidiendo en algo, aunque sea puntualmente, con el inquilino de la Casa Blanca. Pero su diagnóstico de la actualidad y el mío en esta ocasión se parecen: «¡Este mundo está muy loco!». Habrá que ver qué entiende cada cuál a partir de tal apelativo y, sobre todo, abundar en cuáles son las causas de tanta locura en cada versión… Lo extraño es que el rumbo de nuestro mundo venga marcado por las veleidades y los intereses de una única persona, por muy poderosa que esta sea y por muy potente que sea el lobby que le sostiene, que a la postre es el verdadero artífice de lo que pasa…
La abrupta y difícil de digerir consecuencia de tanta locura está ahí, presente, a la vista de quien no opte por mirar para otro lado. Y es que, oigan, nos está quedando un planeta con unas condiciones de vida insoportables para buena parte de los humanos que lo habitan. Y no es que antes no existiesen esas cosas, que tratamos de contar aquí desde hace veinticuatro años... Pero la diferencia es que ahora el motor para seguir poniendo patas arriba el mundo está más centrado en el «porque yo lo valgo», el «porque me da la gana» o el «porque me interesan tus recursos, y me quedaré con ellos», sin muchos más paliativos, excusas, eufemismos, circunloquios ni explicaciones… Sí, hoy se prescinde de las caretas...
Con todo, queridos y queridas, aquí somos de los que confiamos en que la educación, en su sentido más amplio, contribuya a traer un poco de las enormes dosis de cordura que nos faltan como sociedad. Pero con mucho escepticismo también, tal y como está el panorama en este momento... Pero no nos queda otra… O confiamos en que las cosas podrán ser en algún momento de otra manera, o el nivel de tristeza supina al que podemos llegar puede ser demoledor...
Con todo, y hablando de educación en un sentido amplio, quiero hablarles de algo que me ha conmovido… La cuestión surgió en Budapest, donde pasamos tres días con un grupo de amigas este pasado fin de semana, que prepararon con mimo la salida. No conocía esa ciudad, que me gustó muchísimo, pero lo que vi me cautivó y sentó las bases para algún que otro viaje en el futuro. Y en particular, como les decía, me llamó mucho la atención y hasta emocionó algo en particular, que les voy a contar, y más habiendo escrito estas líneas luego desde un Madrid lleno de palacios y edificios históricos abiertos a las visitas turísticas, pero sin otros usos en multitud de ocasiones...
La cuestión es que allí visitamos la Biblioteca Metropolitana Ervin Szabó. Imagínensela como cualquier gran biblioteca del mundo, con cientos de miles de volúmenes, constituyendo la red más potente de Hungría y abierta desde 1904. Pero si les cuento que la misma tiene su sede central en el espléndido palacio neobarroco Wenckheim, construido en 1889 y abierto como ubicación definitiva de la biblioteca en 1931, la magia comienza a surgir. Y es que la clave es que el lugar puede ser visitado con entrada turística, como nosotros hicimos, pero también para leer, estudiar, consultar sus volúmenes o participar en sus actividades. Y todo ello en medio de bellas arañas, estanterías de maderas nobles y unas salas de ensueño que aquí simplemente se enseñarían y que todos admiraríamos… pero que no tendrían un uso tan maravilloso, ligado a la expansión del conocimiento en tiempos de magro interés por el mismo más allá del utilitarismo. Sí, a todo el grupo le pareció de una gran belleza el lugar, y una excelente idea la de abrir espacios de gran valor cultural a mucho más que las visitas…
Y es que el resultado de tal idea, con las personas interactuando con los libros en medio de tanta belleza, simplemente apabulla. Se abre a la ciudadanía un espacio especial, y se avanza en construcción de ciudadanía desde el conocimiento y la conservación del patrimonio, desde la contemplación del mismo y asumiendo el disfrute de lo de todos con responsabilidad y aprovechamiento. ¡Fantástico! Verdaderamente considero que tal idea, que yo nunca había visto plasmada antes fuera de espacios universitarios propiamente dichos, como es el caso de la maravillosa Biblioteca de la Facultade de Xeografía e Historia en Compostela, merecería mucho ser tenida en cuenta en nuestro país… ¿Por qué no disfrutar de muchas de nuestras joyas patrimoniales de otra forma?
Les contaré además que busqué con avidez los tomos dedicados a feminismo, a cultura queer y LGTBI+, a género y a otras cuestiones que han sido ninguneadas, denostadas o perseguidas últimamente por el pasado gobierno del país, que no ha estado a la altura de su pertenencia a la Unión Europea y que ha trabajado activamente por reprimir algunos de los pulsos de la sociedad… Y sí, allí estaban, en húngaro y en inglés, preparados para su consulta y para intentar romper miedos, tabúes y tópicos… ¡Mágico! Y es que hay vida en las bibliotecas, afortunadamente, y más en lugares tan especiales como este que hoy les traigo aquí...
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