Opinión | Shikamoo, construir en positivo
Trabajo, trabajadores, presente... y futuro
Se les saluda, queridos y queridas, aún con los ecos de la celebración internacional de este viernes, 1 de mayo, muy recientes. Y es que la jornada dedicada mundialmente al trabajo y a los trabajadores no deja a nadie indiferente. Y más, claro está, cuando es evidente que el proceso de destrucción del segmento socioeconómico medio sigue su curso, con una cada vez mayor brecha social entre los que más tienen y los que menos.
Según un estudio de la Confederación Sindical Internacional, CSI, en el período comprendido entre 2019 y 2025 los salarios reales de los empleados han caído un 12%. Y es que, en un contexto inflacionario, no se trata de ganar más cada año, sino de que tal incremento sea como mínimo igual al incremento del coste de la vida. Si no es así, uno pierde dinero.
Otro dato importante lo presentan Oxfam Intermón y la propia CSI, que revelan que los directivos de las más grandes empresas españolas ganaron unas 98 veces el sueldo promedio del país en 2025. La derivada más impactante de esto, también enunciada por ellos, es que los empleados con tal sueldo promedio deberían trabajar casi un siglo para ganar esa misma cantidad que un directivo percibe en un único año. Llama la atención, ¿no? Sí, lo mismo que el dato que el crecimiento del sueldo medio de los trabajadores fue de un 3.6 % en términos reales en dicho período, mientras que la remuneración media de los directores generales de las doce mayores empresas españolas aumentó un 16% en el último año. Una dinámica que confirma la actual espiral de crecimiento de la brecha entre unos pocos y la inmensa mayoría, que produce un deterioro del panorama socioeconómico en nuestro país.
Porque una cosa, amigos y amigas, es premiar la dedicación, la formación, la experiencia, los contactos, las capacidades o todo ello junto. Y, en tal sentido, que se produzca así un decalaje entre las remuneraciones de los puestos más altos en términos de responsabilidad, nivel competencial exigido o de desarrollo y dirección de personas es lógico y normal. Pero que tal diferencia suponga una brecha de tales características es verdaderamente sorprendente. Porque, no se olviden, las necesidades básicas y los gastos vitales de todas las personas están aproximadamente en un mismo rango u orden de magnitud. Que una persona gane cien veces lo que ingresa un enorme número de ellas puede llegar a ser reprobable y hasta poco ético.
De hecho, conocí hace tiempo el código deontológico de determinadas empresas y organizaciones que tenían cuidado de que el sueldo en la dirección general no superase más de un cierto número de veces (cinco, seis…) el sueldo más bajo allí. Algo que, por lo que se ve, en muchas empresas no se practica. Y, con todo, se va marcando algo que ya es tendencia estructural: determinados ejecutivos acaparan una parte cada vez mayor del valor económico generado en el mundo entero. Y eso, tomen nota, mientras el 37% de los trabajadores no llega a cobrar el salario mínimo. Algo que quizá a algunas personas les parezca normal, pero que merece una pregunta: ¿De verdad es esta la sociedad que queremos, con distancias casi infinitas entre las personas? Yo, francamente, no.
Vivimos en un tiempo en el que la riqueza de los milmillonarios, tal y como advierte Oxfam Intermón —miembro de la federación Oxfam Internacional— ha alcanzado máximos históricos. En 2026 esto ha llegado a sumar 1,5 billones de dólares, más que todo lo atesorado por los 4.100 millones de personas más pobres. Se dice pronto, pero… Y en España, más de lo mismo. Los 44 multimillonarios que hay en el país han aumentado casi un 30% su riqueza en el último año, llegando a representar esta el 13,8% del PIB. Mientras, la riqueza neta media de los hogares creció solamente un 3%.
No se trata de penalizar a nadie y de que no se pueda pagar muy bien a determinados perfiles, pero de ahí a la realidad descrita hay un mundo… Es por ello que Oxfam Intermón apunta a la necesidad de que existan límites a la remuneración de los primeros espadas de las compañías, adecuando además la fiscalidad para que se grave de forma más justa a las mayores fortunas. De eso y de algo que este Gobierno ya ha abordado con valentía, pero donde se necesita abundar más: una actualización real del salario mínimo y la revisión de diferentes situaciones reales existentes hoy donde tal mínimo no se alcanza.
Y es que el ascensor social no funciona cuando impera la desigualdad, no se premia verdaderamente el trabajo y el esfuerzo, y el monstruo de la inequidad hace estragos con los más vulnerables, mientras que los mejor posicionados multiplican la distancia de sus posiciones a las del resto de la sociedad...
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