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Opinión

Id al cine a ver 'Un poeta'

En el mundo del éxito soberbio, hay fracasos como esta película que deben triunfar

Veréis: no tengo otro remedio que usar este espacio para recomendar una película. Todo lo que, cuando se dice de otras, es falso, aquí es verdadero. Es divertida y triste, es dura y tierna, es oscura y luminosa. Y es pequeña y es grande. Va sobre el fracaso, pero es un triunfo. Y yo quiero recomendarla con el gesto de un infeliz enarbolando un ramo de flores frente a la ventana equivocada.

Esa película se titula Un poeta, es colombiana y ganó un premio en una sección paralela del festival de Cannes. Su director es Simón Mesa Soto y su protagonista ni siquiera es un actor, sino un profesor de Secundaria de nombre improbable (Ubeimar Ríos), porque resulta que los actores actúan y que esta ficción es verdad.

La película sigue los pasos (en ese, midiendo la calle a lo ancho por la borrachera) de Óscar Restrepo, un poeta que tocó cierta gloria en su juventud y que ahora, con una carrera frustrada, intenta sobrevivir. Algunos buenos poetas escriben sobre el fracaso y triunfan, pero la mayoría de poetas escriben sobre el fracaso y fracasan. Este prota tiene una hija que no le quiere y sus hermanos lo atosigan para que encuentre un trabajo. Cuando lo hace, como profe en un instituto, conoce a una chica de familia arruinada que escribe una poesía talentosísima (la que él querría escribir), pero a la que casi no da importancia: en realidad querría trabajar haciendo la manicura, intuición que corrobora cuando Restrepo intenta meterla en los (oportunistas y mezquinos) círculos de la poesía oficial y subvencionada de Medellín.

Es tentador recomendaros Un poeta por todas las obras que resuenan en ella. Hay el absurdo suicida (y la maravilla ante cualquier detalle del mundo) de El mito de Sísifo, de Camus, la miseria bondadosa del Nazarín de Buñuel, el tono de desgracia aniñadamente cómica del cine indie yanki, la verdad aparentemente risueña de los versos de Nicanor Parra. Pero todo eso da un poco igual. Se titula Un poeta, pero en realidad es un poema. De los buenos. Y un objeto lo sintetiza todo: una libreta barata, de las que se compran en bazar oriental, pero con tapas de purpurina plateada. En sus páginas pautadas se dirimirá el destino de, al menos, tres personajes.

Poetas hechos un poema

Hay algo triste en el uso de la expresión vienes hecho un poema para hablar de alguien que llega hecho unos zorros, magullado física y espiritualmente, mal vestido y peor comido, desesperado. Y lo hay porque muchos poetas, demasiado todo, más bien acaban convertidos en poema. «Los poetas son más torpes y genuinos. Trabajan con las palabras, pero ni siquiera saben hablar. Cuando los sacas de la poesía se vuelven tartamudos. Por eso escriben poemas, porque no saben hablar», escribe Alejandro Zambra en Poeta chileno, novela que veo muy hermanada con esta película.

Porque quizá Restrepo es así de inoperante, tan negadísimo para la vida real, tan noble en su torpeza de elefante con zuecos (de albatros en la cubierta del barco), precisamente porque es un poeta (¿malo?) y un hombre (¡bueno!). Escribe Roberto Bolaño en Los detectives salvajes, otra novela conectada con la película: «La poesía (la verdadera poesía) es así: se deja presentir, se anuncia en el aire, como los terremotos que según dicen presienten algunos animales especialmente aptos para tal propósito (las serpientes, los gusanos, las ratas y algunos pájaros)». Un poeta como Restrepo es como un niño: pregunta solo lo importante, se muestra perplejo ante la solemnidad y la injusticia, no sabe manejar ni monedas ni tiempo, llora siempre en el momento menos indicado, camina (en su caso por el alcohol) dando bandazos, pide perdón con la mirada en el suelo.

Un poeta merece todo lo bueno que le está pasando, con una taquilla milagrosa (también en España) y varios galardones internacionales. Recuerdo cuando hace unos años me tocó ser jurado del Premi Ciutat de Barcelona. Leímos un breve poemario de Edgardo Dobry. El primer poema, titulado Para una teoría del consuelo, iba dirigido al propio libro. Le decía: «Debes saberlo, libro: aquí abajo / no habrá para ti premio hoy en día». Obviamente se lo dimos, el premio. Porque en el mundo del éxito soberbio, hay fracasos que deben triunfar. Para que la bondad y la belleza conserven cierto orgullo propio.

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