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Opinión | Tribuna

Josep Borrell

Europa en el arco de fuego

La relación transatlántica sigue deteriorándose. EEUU puede quedarse en la OTAN y debilitar la Alianza vaciándola de su sustancia, retirando tropas y cerrando bases

Dos meses ya desde que Netanyahu convenció a Trump para atacar a Irán. La «incursión», en el lenguaje trumpiano que sigue evitando llamarle guerra porque para eso necesitaría el permiso del Congreso, iba a durar un par de semanas y acabar con la «rendición incondicional» del régimen de los ayatolás. Pero, bravata tras bravata, y ultimátum tras ultimátum, con la amenaza de «borrar del mapa a toda a una civilización», Ormuz sigue cerrado mientras la economía mundial está pagando las consecuencias de la mayor restricción al suministro energético de la historia.

Los europeos vemos de nuevo la amenaza de la estanflación, crecimiento a la baja, inflación al alza, con un escenario peor para Alemania, que ha reducido a la mitad sus expectativas de crecimiento, que para España, protegida por su mayor desarrollo de las renovables. Pero las reservas de queroseno flaquean y los aviones no vuelan con energía solar. El bloqueo de Ormuz hace daño a Irán y al mundo, en una guerra de desgaste económico para ver quién aguanta más.

La guerra no le sienta mal a la economía americana. El boom de la inteligencia artificial está más que compensando el impacto de la guerra, pero no sabemos por cuanto tiempo. Los consumidores pagan la gasolina a cuatro dólares el galón, un precio por encima del cual ningún presidente ha ganado nunca unas elecciones intermedias como las que vienen en noviembre. Pero los inversores están de fiesta, con el índice bursátil SP500 acabando abril en el valor más alto desde la pandemia.

Con el relevo en la Reserva Federal, Trump puede esperar una política más acomodaticia en los tipos de interés. En Europa, el BCE tendría que evitar combatir un shock externo energético con medidas restrictivas que debiliten aún más la actividad. Ya tenemos la experiencia de lo que ocurrió cuando Rusia nos cerró el grifo del gas. Pero una nueva escalada bélica puede romper los delicados equilibrios macroeconómicos y la incertidumbre es mala consejera para la inversión.

La relación trasatlántica sigue deteriorándose. Trump sigue amenazando con salir de la OTAN o expulsar a los más díscolos. Salir no puede, porque necesitaría dos tercios del Senado. Pero puede quedarse y debilitar la Alianza vaciándola de su sustancia, retirando tropas y cerrando bases. Aunque se pegaría un tiro en el pie porque las bases, en particular en España, son sobre todo un instrumento de proyección de su potencia al servicio de intereses estratégicos que no siempre coinciden con los nuestros.

Tampoco está previsto expulsar o suspender a un Estado miembro, como se lo acaba de recordar el siempre servicial secretario general de la OTAN. Pero puede buscar las cosquillas, como al Reino Unido a cuenta de las Malvinas, lo que haría las delicias de su incondicional aliado Javier Milei.

La oposición de España a la guerra está siendo cada vez más secundada por otros países. Incluso el canciller alemán, que al principio celebraba que Trump «nos estuviese haciendo el trabajo sucio» y que no era cuestión de molestarle con consideraciones sobre el derecho internacional, empieza a reconocer que no tiene estrategia de salida y está siendo humillado por Irán.

Pero España sigue estando sola en su demanda de tomar medidas contra Israel por la violación de los derechos humanos en Gaza, en el Líbano y, cada vez más, en Cisjordania. En el Consejo Europeo reunido en las idílicas playas de Chipre, fueron convocados Zelenski, para darle la buena nueva del desbloqueo del préstamo de 90.000 millones de euros después de la derrota de Orbán, y nuestros vecinos de Oriente Medio, como el Líbano, Siria y Jordania. Los europeos pudieron constatar el arco de fuego que, desde Kiev a Ormuz, rodea a Europa. Y aunque los líderes se comprometieron más en la búsqueda de soluciones, se ve mal en qué puede consistir ese compromiso, cuando somos incapaces de levantar la voz contra la extrema y creciente violencia de los colonos israelíes, protegidos por el ejército contra la población palestina de Cisjordania, con el rosario de olivos talados, casas quemadas y los 230 niños asesinados desde octubre de 2023. Una verdadera expansión colonial, ante nuestra indiferencia política y diplomática.

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