Opinión
Vito Quiles: la nada y unas risas
Lo que sobresale de Vito Quiles es la nada y unas risas. Se le ve reiteradamente en la parte de delante de las diatribas parlamentarias, haciendo de malo de la película. Siempre lleva un aparato, un teléfono de última generación, con el cual amenaza a quienes hablan. No se sabe después a qué periódicos va a entregar sus francachelas, pero ahí está, como si fuera un asociado al hemiciclo. Es un hombre sin atributos, es él y solo él quien va por el mundo anunciando que va, hasta que da el golpe, y los periódicos lo anuncian. Como si fuera un personaje. Y no es nada, es tan solo uno que amenaza.
No dice gran cosa: tan solo amenaza, riéndose. Me pregunto, siempre que lo veo en ese lugar que se supone tan serio, cómo es posible que se le deje entrar allí donde deben estar o bien los periodistas de verdad o los invitados especiales de cualquier clase.
Como periodista no funge, la verdad, porque no es adecuado, por lo que hace, por lo que no dice, por lo que llora o se burla. Nada de lo que resulta importante para este oficio que no ejerce sino que roba: es mentira, es un hombre mentira, y eso hace daño. Le dejan que haga daño.
El Partido Popular lo dejó entrar en las elecciones aragonesas, e hizo mal, o por lo menos deshizo algo que se le suponía a ese partido: la necesaria seriedad de sus portavoces, que al menos se sientan en el hemiciclo, dicen cosas que nadie les puede reprochar porque están avalados por lo inmune, dicen cosas que no valen
la pena, o que quizá tienen sus razones… Pero ¿Quiles? ¿Quién es Quiles, para formar parte de ese mundo de los que aspiran, y es legítimo, a presidir el futuro de España?
A mí me da rabia que la palabra España, igual que la palabra democracia, se asocie con este personaje que va por la vida destrozando la realidad de lo que ocurre para que la gente crea que lo que ocurre es esto que él hace.
Lo último que ha hecho, con los parabienes desavisados del PP, es tratar de humillar a la mujer del presidente del Gobierno. Lo ha hecho, además, con alevosía, fuera de todo aviso, volcando en forma de preguntas insultos o parainsultos con los que ha querido reírse de esa señora, esposa del presidente, y de la realidad a la que en todo caso obliga el sentido común: usted pregunta si tiene algo que preguntar, si es que se declara periodista; no empujar, preguntar. Pero si usted es un perdulario que lo que quiere hacer es ruido, haga el favor de irse por otro camino.
Los seres humanos, los conocidos y los desconocidos, tienen que ser respetados siempre. Sin excepciones, porque ni los jueces pueden obliterar el respeto a quienes juzgan, tengan razón o no la tengan. Desde hace años, Vito Quiles está siendo ruin, desastrado, está obligando a personas notables a esconderse de él por si aparece, así que lo único que consigue es amedrentar a quienes juzga de manera horrísona con el objeto de buscar una culpa que solo tendría que verificar la justicia.
Y la justicia no la verifican los falsos periodistas, y tampoco los periodistas verdaderos, ni los que andan por ahí como si fueran enviados de un dios malo para resolver lo que no ha pasado por la verificación de los jueces o del sentido común. Los culpables de lo que hace este perseguidor de golpe duro son los que le ríen la gracia que no tiene. Él lleva por el mundo trajes de joven que quiere alcanzar, con su capacidad innoble de asociado a la maldad, la fama propia y el descrédito de otros.
Reír lo que hace está en contra del factor humano. Si no se va de este hemiciclo de la vida, por llamarlo así, este hombre que no forma parte de lo que requiere la obligación de respetar, es mejor que se hagan a un lado los que ahora le ríen las gracias para que, al fin, se limpie el agua que este hombre deja atrás.
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