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Opinión

La unión del Noroeste toma impulso un año después

Galicia, Asturias y Castilla y León repiten cumbre en mejores condiciones demográficas, ante el reto de multiplicar su economía y con la urgencia de suprimir peajes y concretar el Corredor Atlántico

Primer Foro del Noroeste celebrado en Santiago de Compostela.

Primer Foro del Noroeste celebrado en Santiago de Compostela. / Marta G. Brea

En el Noroeste, los problemas estructurales que requieren de atención nacional son de pendiente empinada y larga, las soluciones suelen llegar tarde y con paso corto y el tiempo para acercarse a las regiones más competitivos empieza a escasear. Evitar un país en el que solo se escuche a las comunidades con peso decisivo exige asociarse a las que están acostumbradas a esperar.

Galicia, Asturias y Castilla y León progresan de la mano adecuadamente. Hacen camino. Un año después del primer Foro impulsado por Prensa Ibérica —el grupo al que pertenece esta cabecera— en Santiago de Compostela, el sentido de macrorregión empieza a calar. No estamos ante un proyecto para pedir más que nadie, sino lo mismo. Ni tampoco para fomentar rivalidades basadas en aspectos identitarios. Conviene recalcar una y otra vez este talante. Esta es una unión que persigue preservar la equidad y equipararse a los territorios en cabeza del desarrollo sin arrebatarles nada de lo que legítimamente les corresponde, pero también sin que quiebre la solidaridad interregional.

Toca ahora prolongar en el Principado, este lunes y martes, el espíritu del primer encuentro, una experiencia exitosa. El Noroeste aborda la cumbre en buena sintonía política. La afinidad personal de sus presidentes está por encima de su distancia ideológica. En época de polarización máxima y concesiones mínimas al adversario, un activo.

La demografía aporta una primera señal alentadora. En contra de los peores pronósticos que se cernían meses atrás, ya no hay que incluir la población en el parte de daños. Las tres comunidades ganan habitantes. El repunte confirma que no estamos en un cuadrante condenado de antemano, sino ante un territorio que puede convertir su calidad de vida en imán. Sin personas no hay futuro.

Un mundo de posibilidades

Poco se avanzó con el Corredor Atlántico, la gran arteria de ferrocarriles y autopistas llamada a coser el extremo más occidental de Europa. Quedan muy pocos días para que la UE cierre el grifo de las infraestructuras elegidas para su malla prioritaria de transporte y no existe un plan director con inversiones y calendario. Al inventario de agravios cabe añadirle otra novedad, los peajes. Las prórrogas que el derecho comunitario cree ilegales, el Gobierno de España las mantiene. Perpetúa una injusticia.

Sanidad, educación y cuidados cuestan caro en un espacio amplio y diseminado, mayor que Grecia o Inglaterra. Una financiación mal orientada asestaría un golpe mortal. El nuevo modelo en negociación consolida principios claramente perjudiciales al no valorar en el reparto del dinero el coste real para sostener los servicios y sí la capacidad fiscal de cada autonomía. Engordar la faltriquera del rico no parece un propósito razonable.

Galicia, Asturias y Castilla y León crecen a un ritmo pausado. Pese a lo moderado del estirón, el paro las castiga menos que a otras regiones. Pero su tasa de actividad sí baja de la media. No existe reto en la actualidad de tanta envergadura para el Noroeste como el de imprimir velocidad de crucero a su economía. Una mirada conjunta permite descubrir un campo amplísimo para concertar proyectos, adquirir tamaño y ganar una visibilidad imposible en solitario. Sectores que por la respectiva especialización se complementan, defensa, energía, turismo, abren un abanico de potencialidades.

Comparte el Noroeste rasgos esenciales: la raíz agraria, una pirámide de edad casi idéntica, una distribución equilibrada del poblamiento en amables núcleos rurales y manejables ciudades medias, una deuda embridada… Y conforma, pese a sus peculiaridades, un bloque natural. Con voz única, la cuestión ya no es cooperar, sino decidir en qué hacerlo. Porque gallegos, asturianos y castellanoleoneses saben que juntos llegan más lejos

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