Opinión | Activo estratégico
Diego Crescente
La formación del talento como infraestructura crítica del país
No se trata solo de formar más, sino sobre todo de formar mejor y especialmente en capacidades vinculadas a la industria, la energía, la IA, la innovación, la defensa o los negocios internacionales

Tecnología de materiales en la Universidad Jaume I de Castellón. / Jordi Pujolar
Cuando hablamos de infraestructuras críticas, solemos pensar en redes eléctricas, sistemas de transporte, telecomunicaciones o abastecimiento de agua. Son, sin duda, pilares esenciales para el funcionamiento de cualquier país. Sin embargo, existe una infraestructura silenciosa, menos visible, pero absolutamente determinante para la competitividad, la seguridad y la cohesión social de una nación: la formación del talento.
En un contexto marcado por la aceleración tecnológica, la fragmentación geopolítica y la transformación de los modelos productivos, la capacidad de un país para formar, atraer y actualizar talento se ha convertido en un factor estratégico de primer orden. Sin personas cualificadas, capaces de comprender y aplicar tecnologías complejas, no hay industria avanzada, no hay innovación sostenible ni autonomía real para tomar decisiones propias.
España afronta retos estructurales que hacen aún más evidente esta realidad. La transición energética, la digitalización de la economía, la reindustrialización, la seguridad tecnológica o la adaptación demográfica requieren algo más que inversión financiera o marcos regulatorios adecuados. Requieren capital humano preparado, con visión estratégica, capacidad de liderazgo y competencias técnicas alineadas con las necesidades reales del tejido productivo.
La formación, entendida como infraestructura crítica, debe cumplir tres condiciones. La primera es la alineación con los sectores estratégicos del país. No se trata solo de formar más, sino sobre todo de formar mejor y especialmente en capacidades vinculadas a la industria, la energía, la inteligencia artificial, la innovación, la defensa o los negocios internacionales. En definitiva, la formación, en especial la ofrecida por las entidades públicas debe responder a las necesidades estratégicas de nuestro país: España.
La segunda supone la aceptación de un axioma que todos debemos asumir: la formación a lo largo de toda la vida profesional. En un entorno cambiante, el conocimiento se vuelve obsoleto con rapidez y la actualización constante deja de ser una opción para convertirse en una necesidad, en particular si estamos respondiendo a proyectos país, como sin duda es la apuesta por las industrias de la defensa o la digitalización completa de nuestra economía.
Y, la tercera, es la conexión directa con la realidad empresarial e institucional, para que el aprendizaje se traduzca en impacto económico y social tangible.
Desde la Escuela de Organización Industrial (EOI), institución pública adscrita al Ministerio de Industria y Turismo, pionera en la formación de directivos, emprendedores y profesionales desde 1955, trabajamos precisamente en esa dirección.
Nuestro papel no es solo impartir programas formativos, sino también actuar como puente entre la política pública, la empresa y el talento, anticipando necesidades y preparando a las personas que deberán liderar los procesos de transformación que España ya tiene en marcha.
La experiencia demuestra que los países que mejor resisten las crisis no son únicamente los que cuentan con más recursos naturales o mayor tamaño económico, sino aquellos que disponen de ecosistemas de talento sólidos, capaces de adaptarse, innovar y generar soluciones propias. La formación es, en este sentido, un activo estratégico que refuerza la resiliencia nacional y reduce dependencias externas.
En definitiva, si queremos una economía más competitiva, una industria más fuerte y una sociedad más cohesionada, debemos asumir que la formación del talento es una infraestructura crítica del país. Cuidarla, actualizarla y fortalecerla es una responsabilidad colectiva y una de las mejores garantías de prosperidad y autonomía para España en las próximas décadas.
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