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Opinión | Canon de belleza

No todas seremos como Demi Moore

No todas podemos ser como Demi Moore. Es más, muchas ni lo querrán. Bastó una imagen de ella en la alfombra roja de Cannes para leer titulares con «los brazos espectaculares de Demi», «increíble para su edad» o «impresionante» su figura. Y ahí es donde empieza el problema.

Una cosa es Demi Moore. Otra, lo que los medios proyectan sobre ella. No conozco su vida ni la de tantas famosas fotografiadas por su delgadez o por «vencer los signos de la edad». No conozco si tienen sarcopenia u osteoporosis, si están en menopausia, si entrenan, qué comen, sus tratamientos o qué relación mantienen con su cuerpo. (Intuyo que en algunas, no muy buena). Pero sí cansa que las conviertan en un canon y una estética de éxito. Incluso en un prototipo de clase social privilegiada, porque consiguen parar el tiempo sobre ellas. Como si fuera malo no tener una delgadez extrema. Como si fuera malo envejecer y cumplir años, cuando es un éxito de vida.

Muchas mujeres de mi generación crecimos bajo el terror de la anorexia y la bulimia. Tras unos años en los que el feminismo retomó el discurso centrado en la salud y en nuestro bienestar, regresa ese pasado tan turbio. Compitiendo unas contra otras, mientras la industria hace caja creando inseguridades de la nada.

No todas podemos ser Demi Moore. Entre otras cosas porque lo normal no es ser Demi Moore a los sesenta. Es como cuando se dice de Jennifer Lopez: «Es que se machaca en el gimnasio». Bueno, no lo dudo; pero tampoco dudo que pueda hacerlo porque su vida se lo permite. Porque no pasa ocho o diez horas sentada frente a un ordenador. Porque quizá no termina su jornada y se pone a limpiar una casa, cuidar a familiares o encadenar dobles jornadas.

Cuidarse requiere tiempo, descanso, dinero, acceso sanitario, estabilidad emocional y energía mental. No me importan las arrugas ni las canas. Me importa no tener osteoporosis, llegar a mi vejez (si llego) pudiendo ir al baño sola, ducharme, levantarme o vestirme. En definitiva, tener autonomía. Debemos centrarnos en tener buena salud y los medios para que todas puedan.

Me preocupa más que una mujer pueda acceder a una buena atención médica, a un diagnóstico a tiempo o a una vida con menos dolor que alentar una industria obsesionada con hacer de nosotras un experimento. Me encanta el rostro de Susan Sarandon, el cuerpo de Kate Winslet o las canas de la reina Letizia. Me encanta ver a mujeres mayores con sus deportivas. Y me irrita que las critiquen.

Por suerte, a muchas de nosotras esas imágenes nos chirrían, nos remueven y nos hacen estar en alerta. Sabiendo que no caeremos ahí. Pero qué modelos están dando a las adolescentes de hoy. Ojalá no crezcan creyendo que el valor de una mujer está en parecer eternamente joven o delgada. Ojalá no hereden el miedo a un cuerpo que cambia con el tiempo. La verdadera conquista no es aparentar treinta a los sesenta. La verdadera conquista es llegar a los sesenta vivas, sanas, autónomas y en paz con nuestro cuerpo. Y eso, aunque algunos titulares no lo entiendan, también es belleza.

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