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Opinión | Shikamoo, construir en positivo

Fútbol como espectáculo, sociedad y vibración colectiva

Un saludo, queridos y queridas. Espero que estén ustedes bien, ya en las postrimerías de este mes de mayo cuyos últimos coletazos vienen aderezados a base de tormentas bastante explosivas y de calores importantes con un elevado grado de humedad... No se agobien, ya cambiará el paradigma…

Pero hoy no les hablaré de meteoros o de climatología, sino de clima social, de cómo respira y en qué se basa nuestro grupo humano en tanto que colectivo… Y es que creo sinceramente que la ocasión lo merece, viendo el nivel de pasión absoluta que veo concierne a una gran mayoría, dicho esto desde la prudencia, el máximo respeto y sin ánimo de clasificar o categorizar a nadie, pero que no soy capaz de comprender. En cualquier caso, constato una vez más que vivimos en un país con una enorme capacidad de vibrar al unísono, quizá de las mayores que se han visto, pero también con la característica del escaso impacto de aquellos temas por los que se vibra en las vidas reales de la mayoría... Sí, amigos y amigas. Hablo del fútbol masculino como espectáculo, de todas las pasiones que levanta y… de lo irrelevante que es a su vez para quienes también son irrelevantes para equipos que son, sobre todo, verdaderas industrias...

No quiere decir esto que la subida a la máxima categoría del fútbol masculino como espectáculo de un determinado equipo no sea buena para la ciudad en la que el mismo se ubica, ni mucho menos. Soy consciente del enorme dinamismo hoy de tal industria, con un impacto real en ámbitos como la hostelería o los servicios en general. Pero… más allá de esta realidad, ¿qué? ¿De verdad les afecta tanto? ¿Tanto, tanto?...

No se enfaden conmigo si son muy de este tipo de fútbol, pero a mí me sigue sorprendiendo el altísimo nivel de implicación de las personas en actividades que muchas veces ni practican directamente ni les cambia de ninguna forma la vida. Supongo que la cuestión va más de sentimientos identitarios, pertenencia al grupo y adherencia a una determinada causa y a una épica, sea la que sea, pero a mí sigue chocándome que alguien, en pleno siglo XXI, afirme «que quiere más a su equipo que a la parienta…» (sic). Y es que eso de llamar «la parienta» a la persona con la que comparte la vida no deja de ser un tanto significativo…

En cualquier caso, respeto absoluta y profundamente la decisión de cada cual —de eso va la convivencia y el convencimiento de que debemos construir una sociedad diversa, donde todo el mundo quepa desde dicho respeto— pero también tengo derecho a decir que no entiendo semejante nivel de pasión por algo ajeno. Porque al final un club de estas características —no un club para practicar deporte tú o tus hijos, que es distinto— no pertenece a ninguno de los que vibran con tal intensidad, según la legislación vigente en España y hecha la salvedad de las cuatro excepciones de sobra conocidas, que sí tienen una base más asociativa. Los demás —casi la totalidad— no dejan de ser sociedades anónimas deportivas, con dueños concretos, que hacen y deshacen casi a su libre albedrío.

Si me apuran, incluso percibo un poco de blanqueo de imagen de determinadas corporaciones o empresas a la sombra de los éxitos deportivos de los futbolistas de hoy. Compañías líderes de mercado en segmentos, cuando menos, un tanto delicados para el consumo, o grandes empresas que salieron casi de la nada a partir de la desgraciada evolución de lo que era mucho más de todas y todos… En fin, que aunar los valores asociados al deporte con todo ello se me hace un poco bola… No sé qué les parece a ustedes, y tampoco quiero polemizar sobre ello, pero sí expresar —como siempre— mis ideas e inquietudes… Al fin y al cabo, se trata de que en las columnas de opinión se evidencien todas las sensibilidades, sean más compartidas o menos… Y si no les gusta lo que digo, llámenme extraterrestre y ya está. Estoy acostumbrado.

No quiero terminar sin felicitar enormemente a todas las personas que hayan vibrado estos días en Galicia por los éxitos cosechados por sus equipos de referencia. Pero me gustaría, mucho más, hacerlo por cosas más personales, o por causas cuyo impacto sí notemos como sociedad en marcha. Por logros personales o colectivos, pero mucho más apegados a las propias experiencias, realidades, expectativas e ilusiones de cada cual o del grupo. Me gustaría hablar de tú a tú, y no de entelequias construidas en base a una épica que nos trasciende y que aporta al que aporta, sí, pero que también diluye a la persona en un conjunto lleno de humo, lugares comunes y puro espejismo conceptual… Ah, y en verdaderos caldos etílicos que también, como sociedad, serían de hacerse mirar...

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