Opinión

Consejero delegado del RC Deportivo
Especial ascenso a Primera del Deportivo: Un paso más en el camino
Hay noches en las que un club no duerme porque siente que ha recuperado una parte esencial de sí mismo
Este artículo forma parte del Especial por el ascenso que publica LA OPINIÓN A CORUÑA este domingo y que podrás adquirir con tu periódico

Aficionados de todas las edades bailan y celebran el ascenso en la plaza de María Pita bajo el aguacero. / CASTELEIRO
Hay noches que un club no duerme. No por el ruido. No por la celebración. No por la emoción desbordada de unas horas irrepetibles. Hay noches en las que un club permanece despierto porque siente que ha recuperado una parte esencial de sí mismo. Y eso es exactamente lo que ha significado este ascenso para el RC Deportivo.
Han pasado ya algunos días y sigo teniendo la sensación de que muchas personas aún están intentando comprender lo que representa realmente este regreso. También me ocurre a mí.
Porque volver a Primera División no es únicamente recuperar una categoría. Es algo mucho más profundo. Tiene que ver con la identidad de un club, con la memoria emocional de una ciudad y con la relación casi íntima que varias generaciones han construido alrededor de este escudo.
Durante estos ocho años, el Deportivo ha vivido lejos del lugar que históricamente le correspondía. Y quien piense que un club atraviesa un periodo así sin consecuencias humanas probablemente no entiende del todo lo que significa el fútbol en determinados territorios. Aquí el Deportivo forma parte de la vida de las personas. Está presente en las familias, en las conversaciones cotidianas, en la manera en que padres e hijos comparten emociones y recuerdos.
En el Deportivo trabajas para custodiar un patrimonio emocional enorme; y eso obliga a actuar con responsabilidad, sensibilidad y paciencia
Por eso el sufrimiento de estos años ha sido tan real.
Ha habido frustración, decepción y momentos muy difíciles. Algunos deportivos. Otros mucho más profundos. Hemos convivido demasiado tiempo con la sensación de que el club necesitaba volver a encontrarse consigo mismo. Porque cuando una entidad histórica permanece lejos de su lugar natural durante tantos años, existe el riesgo de acostumbrarse simplemente a resistir.
Y quizá el mayor mérito del Deportivo haya sido no aceptar nunca esa resignación.
Este club ha cometido errores, como todos. Ha atravesado situaciones complejas. Pero jamás perdió algo esencial: la conexión emocional con su gente. Yo he trabajado en diferentes contextos del fútbol europeo y sinceramente pocas veces he visto una fidelidad comparable a la que existe aquí.
He visto Abanca Riazor lleno en categorías que no correspondían a la dimensión del Deportivo. He visto desplazamientos masivos después de derrotas dolorosas. He visto niños que nunca habían visto al equipo en Primera seguir llevando esta camiseta con orgullo. Y he visto también a muchas personas continuar viniendo al estadio con la misma ilusión de siempre, incluso cuando el contexto invitaba al cansancio o al desencanto.
Eso deja una huella muy profunda cuando llegas a este club.
Porque entiendes rápidamente que aquí no trabajas únicamente para gestionar una entidad deportiva. Trabajas también para custodiar un patrimonio emocional enorme. Y eso obliga a actuar con responsabilidad, sensibilidad y paciencia.
En el fútbol moderno existe una tendencia constante hacia la velocidad. Todo debe suceder inmediatamente. Todo se analiza desde la urgencia. Pero reconstruir un club histórico exige otra mirada. Exige estabilidad. Exige coherencia. Exige aceptar momentos incómodos sin perder nunca la dirección.
Este ascenso representa también eso.
No nace de una improvisación. No nace solamente de una temporada. Es la consecuencia de muchas decisiones, de mucho trabajo silencioso y de personas que han sostenido al Deportivo en etapas donde era mucho más sencillo apartarse que permanecer.
Pienso mucho en todos los profesionales del club que han vivido estos años difíciles. Empleados, técnicos, futbolistas, entrenadores y trabajadores que siguieron defendiendo este escudo incluso cuando el ruido exterior era muy duro. Y, por supuesto, pienso en la afición. Porque sinceramente no sé cuántos clubes en Europa habrían sido capaces de conservar este nivel de apoyo emocional después de un recorrido así.
Por eso, este ascenso tiene algo de reparación.
No en el sentido de revancha. El fútbol siempre termina colocando a cada uno frente a sus propios méritos y errores. Pero sí en un sentido humano. Había mucha gente esperando volver a sentir orgullo, ilusión y tranquilidad alrededor del Deportivo. Y ver esa felicidad en Abanca Riazor, en las calles y en tantas familias probablemente ha sido una de las imágenes más bonitas de todo este camino.
Personalmente, he vivido este proceso con muchísima intensidad. Mucha más de la que imaginaba cuando llegué a A Coruña. Porque el Deportivo tiene la capacidad de involucrarte emocionalmente de una manera muy especial. Y porque en determinados momentos uno entiende que el verdadero valor de este trabajo no está solamente en los resultados, sino en lo que esos resultados significan para la vida de tantas personas.
Ahora empieza una etapa nueva.
Y creo que es importante afrontar este regreso con ilusión, pero también con equilibrio. La Primera División es extremadamente exigente. Obliga a mejorar cada día en todos los niveles: deportivos, institucionales, estructurales y económicos. El desafío del Deportivo no es únicamente volver. Debe ser construir un proyecto estable, serio y sostenible que permita al club crecer con solidez en los próximos años.
Tenemos ambición y debemos tenerla. Un club como el RC Deportivo, por su historia y por lo que representa, siempre debe mirar hacia cotas mayores. Por eso vemos este ascenso no como un punto de llegada, sino como un paso más en un camino mucho más largo y mucho más exigente. Un camino que nos lleve, poco a poco, al lugar que corresponde a la dimensión histórica y social de este club.
Y, precisamente, por respeto a esa historia debemos afrontar el futuro con lucidez. Sabemos perfectamente la dificultad que todo esto va a conllevar. Sabemos el nivel de competitividad que existe hoy en el fútbol español. Sabemos que crecer de verdad exige paciencia, rigor, estabilidad y muchas decisiones correctas tomadas cada día. Pero también sabemos algo importante: cuando un club conserva su identidad, su unidad y su capacidad de trabajar con coherencia, siempre termina acercándose a aquello que merece ser.
Y si algo ha demostrado el deportivismo durante estos últimos meses es la enorme fuerza que tiene cuando permanece unido. Esa conexión entre equipo, afición, ciudad y club ha sido una de las grandes razones que explican todo lo que hemos vivido esta temporada. Por eso creo sinceramente que debemos protegerla. Habrá momentos buenos y momentos difíciles, porque así es el fútbol y así es también la Primera División. Pero el Deportivo será siempre mucho más fuerte cuando avance desde la unión, la confianza y el sentimiento colectivo que hemos conseguido recuperar entre todos.
Estos ocho años nos han dejado muchas lecciones. Y quizá la más importante sea entender que ningún club tiene garantizado nada si pierde su identidad, su estabilidad o su conexión con la realidad.
El Deportivo vuelve a Primera División con más humildad, con más experiencia y probablemente también con una mirada más madura sobre sí mismo.
Y eso, en ocasiones, puede ser incluso más valioso que cualquier celebración.
Creímos y lo vimos. Forza Dépor.
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