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Opinión

Ébola...

Buenos días, en este recién inaugurado verano meteorológico. Aún habrá que esperar algo menos de tres semanas para que el verano astronómico esté también entre nosotros, pero en lo tocante a las temperaturas ya se nota que, cuando el sol pega, lo hace fuerte… Algunos de ustedes lo agradecerán, ¡viva la diversidad!, pero lo cierto es que yo soy más de fresquito, o incluso de muy fresco, y llevo peor el calor…

En cualquier caso, el cambio climático imperante marcará una tendencia progresiva a fenómenos climatológicos más exacerbados, con lo que presumiblemente en un futuro próximo el verano será más verano, y el invierno más duro, con una lógica más de dos estaciones que de cuatro. Algo que, comparando la situación actual con la que podemos recordar de hace unas décadas, ya se ve bastante claro…

Tal cambio climático ha producido cambios en los patrones del recorrido de las aves migratorias, y ahí hay que buscar la razón de la relativamente reciente entrada en nuestro país de especies antes inexistentes en él, como la garrapata Hyalomma marginata, vector que propaga el virus de la enfermedad hemorrágica de Crimea-Congo, por la cual ya ha habido cinco muertes en nuestro país, siempre asociadas a picaduras de este arácnido. Asimismo, enfermedades como la de Lyme —infección por Borrellia bugdorferi— ahora están presentes en Galicia, asociadas a la picadura de la garrapata autóctona Ixodes ricinus, cuando antes solamente se veía más hacia el Mediterráneo.

Siguiendo la lógica de la extensión de vectores y patologías antes solamente existentes en zonas más tropicales o al menos subtropicales, entiendo que no será difícil que la malaria vuelva a este territorio, del que fue erradicada hace mucho tiempo gracias a las buenas prácticas en el campo de la salud pública, la higiene y prevención. El dengue, el zika, el chikungunya y otras enfermedades también son una amenaza, pero si hay algo especialmente preocupante es la situación del ébola, otra fiebre hemorrágica de alta letalidad —como también la fiebre de Marburgo— que cada vez experimenta nuevos avances.

Y es que, en el pasado, el ébola hacía apariciones fugaces, explosivas y muy cortas en el tiempo en núcleos rurales de selva muy profunda, afectando a una parte de la población y dejando pocos supervivientes. Su propia capacidad destructiva protegía al resto de la Humanidad, ya que se producía un fenómeno de «tierra quemada», y no había contacto de las comunidades afectadas con el resto del mundo.

Pero las cosas ya no son así. Desde que en uno de los brotes más importantes en Congo el ébola llegó a una ciudad con aeropuerto internacional, la capacidad de dicha infección para propagarse de forma global subió un escalón más. La forma de vida de algunas personas, siempre a bordo de un avión y realizando saltos intercontinentales de manera habitual, ha globalizado también las amenazas. Y hoy el ébola, a pesar de los esfuerzos de las organizaciones multilaterales, de ONG globales y de las propias poblaciones afectadas, es para tener muy en cuenta… Aunque la parte buena de la historia es que, al estar todos más amenazados por patologías como esta, quizá nos tomemos más en serio alguna vez la pertinencia de la investigación sobre enfermedades hasta ahora más olvidadas, que solamente afectaban tradicionalmente a quien tiene menos voz. Una investigación que, si a las empresas del sector no les es rentable, tendrá que ser abordada con fondos públicos, pero que es absolutamente necesaria.

Hoy Congo sufre de nuevo por el ébola, y este se ha extendido en otras partes de África. Los especialistas en la materia están preocupados, ya que el virus continúa su expansión, y se habla de que cuatro de cada cinco contactos no pueden ser localizados, en un contexto en el que las posibilidades de los sistemas sanitarios son muchas veces muy precarias. No podemos perder la vista de todo esto, porque la capacidad destructiva del virus es muy grande.

No se trata de estar amedrentados, o de entrar en una espiral de pánico que a nadie beneficiará. Pero sí que es bueno llamar a las cosas por su nombre y no mirar hacia otro lado. Y es que este cambio climático que a algunos les parece que solamente traerá turistas, mucho surf y diversión —algunos nos cuentan que seremos Galifornia, evocando las sensaciones de Los vigilantes de la playa— tiene también su cara b. Y esta que les he expuesto hoy es, solamente, una parte de ella…

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