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Opinión | Buenos días y buena suerte

El papa dice cosas

Seguro que todos los papas han dicho cosas: unos más que otros. Cosas no sólo divinas, sino muy terrenales. Yo no soy más religioso que lo que implica mi tradición cultural, que quizás no sea poco, pero reconozco que el papa tiene esa misión aquí abajo que le viene dirigida desde arriba, por decirlo en los términos habituales. Que Dios exista o no importa sobre todo al creyente, pero desde el punto de vista humano lo que el papa diga de la humanidad, Dios mediante, nos importa a todos. Una voz autorizada escucho, incluso a gente descreída, o escéptica, como yo. Y no lo dudo. El papa Prevost, peruano, estadounidense, incluso algo español (ahora visita este país, desde el Gaudi fulgurante y soñador, y piadoso, hasta algún barrio modesto de la gran ciudad) es mayormente un ciudadano del mundo, como se suele decir. Bueno, también Trump es un ciudadano del mundo y ya ven qué modales.

Prevost (me gusta tratar a los papas así, Dios me perdone) dice muchas cosas, y las dice por lo bajini, más bien a su aire. No parece de grandes gestos ni performances, aunque suele llevar una media sonrisa, ni mucha ni poca, todo sin exagerar. Francisco, el otro papa rojo, bueno, un tanto de izquierdas (otra vez con perdón), tenía más esa cosa argentina (cielos, es que hoy no paro de pedir perdón), más abierta al público, más amigo de las frases que subrayan, hincha del San Lorenzo, por el que se partía el alma (es metáfora), siempre un poco con aspecto de párroco rural, como esos curas que se quedan al guateque en las fiestas patronales. Prevost tiene un aire más fino y discreto, si se me permite, creo que le gusta más la simbología litúrgica, pero también sin pasarse. Y dice cosas, no es un papa silencioso, se moja lo suyo, aunque a veces parezca un tanto ausente, allá en su Estado Vaticano. Pero nada de eso. Está muy en la pomada, engaña un poco con esa pose tranquila.

Ahora acaba de sacar encíclica, justo antes de venir a España. A los papas se les mira mucho la encíclica, es un documento potente, y sospecho que no sólo para los católicos, sino para todos. La ha hecho coincidir con esa otra de su antecesor, León XIII, la Rerum Novarum. Uno no se llama León Algo por casualidad, tiene que ser una cosa buscada. Los papas se llamaban mucho Pablo, Juan, y así, también Benedicto, que van unos cuantos, pero León, muy repetido en el pasado, no estaba de moda, esto es como los nombres de las criaturas, que están de moda o no están de moda. El caso es que va Prevost y se hace llamar León. Olé. Mi imagino a los papas eligiendo nombre, preguntando a los amigos. ¿Cómo veis León? ¿Quedará algo antiguo? ¿Demasiado snob? Los papas con madre seguro que lo tienen más difícil.

Pero Prevost es León a propósito, no por fiero, aunque estos son tiempos de gran fiereza, sino por seguir aquello que se llamó la Doctrina Social de la Iglesia, la que impulsó León XIII, cuando todo empezaba a cambiar con la Revolución Industrial. Las cosas nuevas que indica el título eran básicamente las de la industria y las de la tecnología, las que ponían en jaque la vida del obrero (ya estaban ahí los ludditas, que luchaban contra las máquinas), y parece que el papa promovía la sindicación, o así, para defenderse de lo injusto. Por ejemplo. La encíclica de León XIV sigue aquella estela, también en tiempos de gran cambio y quizás de gran peligro.

Prevost, que es de Chicago, le ha puesto los puntos sobre las íes a Trump varias veces, sin despeinarse ni nada. Quizás por eso recibió a Sánchez tan guapamente el otro día, creo que fueron 45 minutos, tal vez porque reconoce en él esa complicidad antitrump, o tal vez porque era el presidente del país que iba a visitar. En plena galerna judicial, con el oleaje político nivel campeonato del mundo de surf, Sánchez ha demostrado que comulga con muchas ideas de León XIV, y seguro que habrán hablado de lo divino y de lo humano, pero más de lo último. Sánchez tiene bastante cartel europeo. No hablará con Feijóo, pero sí con el papa. Que es casi como hablar con Dios.

El papa León XIV ve gran peligro en la IA, que nos chupa los datos, porque la IA, como se decía de Hacienda, somos todos. Ve el papa gran peligro para la libertad, para la paz, si dejamos que las máquinas nos dominen en este mundo de locos. Magnifica Humanitas, o sea. Cuando ya nadie parecía preocuparse de la humanidad, cuando sólo se adora a los reyes del silicio, va y llega el papa. Que sale hasta Gandalf (también es cierto que Tolkien era muy católico). Sánchez es muy de este papa. Y si la cosa mejora, pues guay.

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