Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión

Bajo a por aspirinas

He entrado a comprar una Aspirina a la farmacia. A veces hago algo solo para tener un arranque de columna. Llegada cierta edad, uno se ve atraído por las farmacias casi tanto como antes por los estancos. La farmacia está en el centro de la ciudad, no había entrado nunca, no conozco al boticario. Tampoco sé muy bien para qué compro las aspirinas, aunque tengo por ahí leído que media al día puede prevenir ciertos males. No me hagan caso, ni busquen en la IA. La IA puede cogerme esa frase (media aspirina al día puede prevenir ciertos males) y darla por buena, darla por dicha por un especialista. Especialista en paseos, tal vez, especialista en observar. No lo esencial, quizás lo accesorio. Un escritor es su mirada. Yo soy miope pero me esfuerzo, cierro un poco los ojos, cuando no llevo gafas y veo la realidad. O al menos, mi realidad, que de eso se trata también cuando uno escribe.

Cuando uno escribe ha de tener con el lector la cortesía de la claridad y no propiciar en el que lee un dolor de cabeza que lo haga bajar a la farmacia a por una caja de aspirinas. Para alguna gente la farmacia es como un supermercado o una boutique llena de tentaciones. Igual que cuando vas al súper a por pan, café y unas naranjas, que es lo que realmente te hace falta, y acabas cogiendo también un bote de Nocilla, un cuarto de peras de agua, dos cervezas y un queso en lonchas que estaba de oferta. Pues en la farmacia van a por aspirinas y acaban cogiendo también un parche para la nariz, unas tiritas, cepillo de dientes ergonómico y Calmante Vitaminado. No faltan las farmacias que exponen su mercancía en expositores para que en el curioseo o cuando haces cola te lleves algo más, unos caramelos mentolados sin azúcar. Qué sería de los caramelos mentolados sin azúcar sin el aburrimiento que propicia una espera. Por eso los colocan también en los expositores de las cajas, para que se te metan por los ojos mientras esperas que el señor de delante sea capaz de una vez de sacar las monedas del monedero y pagar y meter sus cosas en las tres bolsas que ha pedido, haciéndole falta solo dos, salta a la vista. Caramelos diseñados para metértelos por la boca destinados a metérsete por los ojos. No pasa lo mismo con la Aspirina.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents