Opinión | El trasluz
Una memoria secreta

Una carretera con curvas. / Shutterstock
Nunca obtuve el carné de conducir de mi cuerpo. He manejado este organismo durante años como quien circula sin papeles: con prudencia, evitando a la autoridad y confiando en que nadie me pidiera aparcar en batería entre dos desconocidos. Camino, subo escaleras, me siento y me levanto con una dignidad razonable, pero cuando la situación exige una maniobra un poco más compleja, como bailar o decidir qué hacer con las manos en una reunión, entro en pánico. Imagino que hay personas que nacen con el carné en el bolsillo, como si hubieran aprobado un examen prenatal. Se mueven por el mundo con la naturalidad de los conductores veteranos que cambian de marcha sin pensarlo. Uno los ve en una fiesta y tiene la impresión de que no bailan, sino que circulan: giran, frenan, adelantan, ceden el paso al ritmo de una música que para mí es solo un ruido de fondo. Yo me quedo detenido en el arcén de la pista, con las manos colgando.
He pensado a menudo en presentarme al examen. No sé muy bien en qué consistiría. Quizá habría una prueba teórica (identificar emociones básicas, distinguir entre tensión y relajación) y otra práctica en la que un funcionario me pediría que improvisara un gesto espontáneo sin que se me notara el esfuerzo. Sospecho que suspendería en ambas. En la teórica, por exceso de reflexión; en la práctica, por defecto de cuerpo.
Con el tiempo, uno aprende a circular por carreteras secundarias. Evita las discotecas como quien huye de las autopistas y se refugia en espacios donde el cuerpo no tenga que justificarse continuamente. Aun así, aparecen controles de la Guardia Civil inesperados: un cumpleaños, una boda, una canción que obliga a levantarse. Entonces siento que alguien me da el alto y me pide la documentación. Yo palpo los bolsillos con una sonrisa culpable y respondo que lo siento, que llevo toda la vida conduciendo así y que nunca he tenido un accidente grave. Lo extraño es que, pese a todo, este cuerpo me ha traído hasta aquí. Quizá no tenga carné, pero posee una memoria secreta de movimientos. Tal vez conducirlo no consista en dominarlo, sino en escuchar sus torpezas, como quien atiende el ruido de un motor viejo que, contra todo pronóstico, sigue en marcha.
Fuente: La Nueva España
- El ingeniero que dejó Inditex para crear desde A Coruña la empresa que ordena la inmigración laboral
- La librería de A Coruña con libros hasta en el techo: 'Aquí dentro parece que estás en un submarino
- Alejandro Sanz siempre triunfa en A Coruña
- La Vía Verde se somete a examen este verano en Cerceda: 'Nosotros éramos ferroviarios y pasamos por aquí millones de veces, pero caminando es otra cosa
- El rincón más inglés de A Coruña es una floristería al aire libre y lo cultiva una vecina de A Zapateira: 'A veces empiezo a las diez y salgo a las once de la noche
- El bar de Monelos que ya vende 46.000 tortillas en A Coruña: 'Tardamos 7 años en llegar a la receta
- Riazor, el arenal que forma parte de la vida cotidiana de A Coruña: 'Es la playa de ciudad por excelencia
- El Aquapark de Cerceda planta cara al verano gallego: así se instalan sus nuevas placas solares de un millón de euros
