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Opinión | Shikamoo, construir en positivo

Moreno Bonilla y mi trituradora

Tuve la oportunidad de conocer a Juan Manuel Moreno Bonilla hace unos años, cuando el alcalde de A Coruña me encargó participar en un acto en el Ministerio de Sanidad representando a la ciudad. Nada, lo mío fue un visto y no visto, una conversación de muy pocos minutos y poco más. Pero me bastó para consolidar la opinión que ya tenía de él, bastante de consenso en el sector social en el que yo había trabajado activamente en una temporada anterior. Me encontré ante un hombre afable, moderado y de consensos antes que de imposiciones. Me pareció una persona centrada, tanto en lo personal como en lo político, y con esa impresión marché de aquel auditorio en el que estaban también otras personas en la primera línea en la política nacional, alcaldes y alcaldesas de muchas ciudades, ministras y representantes del máximo nivel entonces de la Casa Real.

Ese Juan Manuel Moreno Bonilla siguió progresando en la política y en su partido, y ayer rubricó su tercer mandato al frente de la Junta de Andalucía, después de que los andaluces y las andaluzas le diesen mayoritariamente su confianza. Pero el ya presidente de pleno derecho de la Junta de Andalucía, después de apear el «en funciones» usado en estas últimas semanas, también firmó con ello un probable comienzo del deterioro definitivo de su marca personal, o sea de esa reputación que le ha situado como un verso un tanto suelto en el Partido Popular y como un candidato firme —él y la ínclita Ayuso, en otra rama bien distante— para una hipotética sucesión de Alberto Núñez Feijoo en el mismo.

O eso o… trifulca diaria con Vox, claro. Porque los ciento cincuenta puntos firmados con este último partido para asegurar la investidura y la gobernabilidad de Andalucía no se los cree —por lo menos en buena parte— el señor Moreno Bonilla. No, él no participa ni del concepto de «prioridad nacional», ni de llamar «menas» a personas, deshumanizándolas y privándolas del carácter de seres humanos. Él no simpatiza con el aberrante sinsentido que tiene que ver con la posición del partido verde —pero también de Trump o de otros interesados iluminados— en relación al cambio climático, al margen de la ciencia y de cualquier lógica fundamentada y culta. Él no tiene el mismo concepto del feminismo que el que existe en el partido de Abascal, y él no comparte todo lo vomitado por el partido Vox en lo tocante a las leyes más sociales del Gobierno socialista, que amplían con mimo y solvencia la esfera jurídica del particular y confieren derechos a personas antes excluidas. Todo eso no se lo cree Moreno Bonilla, diga lo que diga ahora o en adelante por exigencias del guión. En absoluto. Y, ¿saben por qué? Porque él, a pesar de acreditar un currículo un tanto peculiar y construido a posteriori, y que fue objeto de más de una polémica, ha sido un buen Secretario de Estado de Servicios Sociales e Igualdad del Gobierno de España, siendo presidente Mariano Rajoy. Y eso y su desempeño en tal cargo con carácter dialogante y abierto es, «per se», fuertemente contradictorio y manifiestamente incompatible con la lógica rayana en la xenofobia que hoy crece y marca tendencia en Aragón, Extremadura, Castilla y León o ahora Andalucía merced a los gobiernos de coalición, o en Murcia y Comunidad Valenciana a cambio de apoyos para la investidura.

Ojalá Moreno Bonilla no pierda su esencia ni su fundamento y, por encima de todo, sea fiel a sus propias ideas. Sé que esto en política es difícil, y que en uno y otro lado de las eternas disputas vemos a personas que cambian sus principios según haga falta esgrimir unos u otros, al más puro estilo de Groucho Marx. Pero me gustaría que fuese consciente de que, si se pliega a las exigencias divergentes con los derechos socioeconómicos de las personas y hasta con los derechos humanos que ha firmado, no solamente serán malos tiempos para Andalucía y por ende para España, sino que será el principio de su fin como persona conciliadora, que podría llegar a concitar los consensos necesarios en nuevas etapas, en un futuro hoy indeterminado, pero que quizá esté por llegar.

Tengo fotografías en casa de ese día con Moreno Bonilla, él y yo. Les echaré un vistazo cada día, en esta legislatura andaluza, aunque viva muy lejos de Andalucía. Veré como resisten el paso del tiempo, de las ideas, de la lógica, de la coherencia y de la ética conectada con las oportunidades para las personas… Ojalá no tenga que meterlas en la ranura de la trituradora…n

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