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Opinión

Cinco años sin Samuel Luiz

Vigilia Samuel Luiz por el quinto aniversario de su muerte, organiza Alas Coruña Avd de La Habana

Vigilia Samuel Luiz por el quinto aniversario de su muerte, organiza Alas Coruña Avd de La Habana / Carlos Pardellas

El 3 de julio de 2021, Samuel Luiz fue asesinado de una brutal paliza porque a sus verdugos no les gustó su aspecto, que vincularon a su condición homosexual. Tres personas fueron condenadas por aquel crimen, grabado en un vídeo por unas cámaras de seguridad que estremece por su brutalidad. A Diego Montaña se le impusieron 24 años de cárcel por un asesinato con agravante de homofobia; a Alejandro Freire, 20 años; y a Kaio Amaral Silva, otros 20 años más seis meses por el robo del móvil de la víctima, a la que apalearon sin piedad.

Cinco años después, el punto de la avenida Buenos Aires, frente a la playa de Riazor, donde Samuel fue asesinado recogió un homenaje a la víctima y un grito en contra de la discriminación de las personas por cualquier tipo de motivo, sea vinculado a su orientación sexual, color de piel, religión o nacionalidad.

El asesinato partió precisamente de la homofobia de Montaña, según la sentencia, al creer que Samuel Luiz lo estaba filmando con su móvil, cuando en realidad estaba hablando con una amiga. «Deja de grabar, a ver si te voy a matar, maricón», le espetó. Luego llegó la paliza mortal.

Veintiún años después de que España legalizase el matrimonio entre ciudadanos del mismo sexo, una ola reaccionaria parece regresar al amparo del cuestionamiento del Estado, del sector público y del denominado pensamiento woke, una especie de coartada de los pensamientos más retrógrados para tratar de recuperar espacio.

Galicia registró en 2022 once delitos o incidentes de odio por orientación sexual e identidad de género, según datos del Ministerio de Interior, cifra que el año pasado se incrementó hasta los 27. A nivel estatal, los datos también aumentan, con 459 casos en 2022, 522 en 2023, 528 en 2024 y 571 en 2025.

A pesar de que las magnitudes son bajas respecto al total de la población gallega (2,7 millones) o española (49,1 millones), la tendencia resulta preocupante y el recuerdo del atroz crimen que segó la vida de Samuel Luiz debería obligar a replantear como sociedad la necesidad de cerrar determinados debates sobre igualdad, sin medias tintas ni rendijas por las que se pueda colar el odio para restar un ápice de libertad a nadie.

De hecho, un reciente estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) ofrece datos paradójicos y preocupantes. Mientras que el 71,6% de la ciudadanía reconoce estar «muy o bastante de acuerdo» con que el reconocimiento de los derechos de las personas LGTBIQ+ beneficia al conjunto de la sociedad, un 74,9% confiesa haber presenciado o escuchado insultos a una persona del colectivo a lo largo de su vida.

En un momento en el que las redes sociales ofrecen un espacio de difusión masiva a teorías disparatadas como el terraplanismo, se observa un fenómeno perturbador de jóvenes retrógrados que buscan cosificar a la mujer, reducirla a su papel de madre o afearle una vida sexual plena, reivindicando la condición de «proveedor» del hombre, retrocediendo décadas en el terreno de la igualdad y tratando de encerrar de nuevo a la mujer en la cocina y la crianza de los hijos. En ese submundo paralelo, anidan teorías que vinculan la homosexualidad a disfunciones del organismo e incluso a los microplásticos.

Más allá de la boutade y sin ánimo de sobredimensionar estas voces, lo cierto es que muchos jóvenes y adolescentes se informan únicamente por las redes sociales y con contenidos que hace poco no habrían tenido eco. Por ello, recordar el asesinato de Samuel Luiz debería obligarnos como sociedad a no ceder un milímetro en la defensa de la igualdad y la tolerancia como guías de convivencia y así tratar de evitar que lamentemos otra tragedia como la del 3 de julio de 2021.

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