Opinión
Netflix y estrenar por estrenar
La fama de primar la cantidad sobre la calidad ha perseguido a Netflix durante años. Este fenómeno fue particularmente evidente durante la pandemia con las películas. Entre 2019 y 2023, la compañía estrenó varios cientos cada año, con una vocación clara: consolidarse como la opción número uno del entretenimiento doméstico en todo el mundo. No fue una decisión caprichosa. Entonces muchas compañías habían lanzado sus propios servicios de streaming, lo que amenazaba su cuota de mercado. Tener un volumen de estrenos superior al de la competencia se convirtió en su seña de identidad. Y aunque esto sigue siendo una realidad, particularmente en el ámbito de las series de televisión, en el caso de las películas las cosas han comenzado a cambiar.
El artífice de esta oleada de moderación es Dan Lin, el ejecutivo que asumió el liderazgo de la división de cine de Netflix en 2024. Tras dos años en su puesto, el número de estrenos cinematográficos ha caído a mínimos históricos: en los tres primeros meses de 2026, Netflix solo estrenó 23 películas. Sí, la cifra sigue siendo muy superior a la de los estudios tradicionales, pero para Netflix es todo un récord, especialmente con sus antecedentes.
En el mundo de los negocios estas decisiones tan drásticas suelen ser la consecuencia de una corrección. Y, gracias a que ahora Netflix difunde dos veces al año los datos de visualizaciones de todo su catálogo, es fácil confirmar que este es el caso. Estrenar por estrenar no era rentable. El modelo de negocio de Netflix ayuda a entender por qué. La compañía gana dinero con las suscripciones y, desde hace ya un tiempo, también con la publicidad. En ambos casos la manera de que toda la inversión que se hace contenido sea mínimamente rentable es que los contenidos generen interés (y, por lo tanto, se vea) durante el mayor tiempo posible. A mayor número de visionados, más retención de clientes. A mayor retención de clientes, menos cancelación. Resulta que, en la práctica, conseguir este efecto con las películas es muchísimo más difícil que con las series. Suelen tener picos muy acentuados el fin de semana del estreno y luego caen en el olvido, devoradas por las fauces del algoritmo, que las oculta para darle mayor espacio al contenido más reciente y popular.
Estrenar en Netflix, en definitiva, sí les da relevancia a las películas, pero es mucho más efímera que la que se consigue con un estreno en salas. Esto es lo que Dan Lin quiere corregir. En lugar de estrenar cinco títulos confiando en que, al menos uno, logre conectar con la audiencia y gozar de cierta permanencia, Netflix revisará sus proyectos para apostar por aquellos con potencial para tener más vida comercial (como la que ha logrado, por ejemplo, Las guerreras K-Pop).
La reducción del número de estrenos no solo tiene que ver con razones puramente económicas. Es también la reafirmación de que hay otro modelo más apropiado para satisfacer las necesidades del entretenimiento doméstico, uno que se parece cada vez más a la televisión de toda la vida. Una familia tipo necesita cubrir un tiempo de ocio diariamente, y es ahí donde la recurrencia de una serie de televisión es la mejor aliada: descarga de la siempre pesada tarea de escoger, permite una experiencia más fluida y su extensión permite encajar uno o dos episodios entre semana. Las series, además, son más extensas, lo que implica disponer de más espacio para emplazar publicidad. Esta filosofía también explica que estén destinando cada vez más dinero a adquirir otros formatos, como los eventos en directo o los deportes.
Netflix siempre se ha jactado de que sus decisiones no son normas escritas a fuego. La misma compañía que dijo que jamás tendría publicidad ahora se frota las manos con los planes con publicidad. Y otro tanto cabe decir de sus reservas hacia el modelo clásico de explotación en salas (y que el año que viene se saltará a la torera para dar a los cines una ventana de exclusividad con Narnia). Netflix no tiene la intención de reducir la presencia del cine en su catálogo a la mínima expresión. Tan solo está reduciendo su peso específico como parte de una nueva estrategia de negocio que busca recompensar las estancias prolongadas. Después de años creciendo a base de volumen, Netflix parece haber asumido que la batalla del streaming ya no consiste en tener más contenido que nadie, sino en conseguir que el público permanezca más tiempo conectado.
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