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Opinión

Una noticia buena y otra mala

Ian Linnell, presidente de Fitch, una de las tres grandes agencias internacionales de rating, acaba de opinar sobre la economía europea: «Decir que soy pesimista sería una exageración, pero afirmar que optimista también». Me he acordado cuando un lector me ha preguntado sobre el futuro de España. Y he recurrido a aquello de una noticia buena y otra mala.

Vamos a la buena. BlackRock es la mayor gestora de fondos del mundo, con activos de más de 13 billones de euros (seis veces el PIB español) y su portavoz ha dicho: «Las acciones españolas nos gustan mucho y ahora son nuestra principal apuesta mundial, nunca habíamos estado tan optimistas con España, que es el gran protagonista en crecimiento de Europa, con un superávit por cuenta corriente entorno al 2%, una inflación controlada y un mercado laboral que está mejor». BlackRock ha colocado 104.000 millones en España, es el mayor inversor privado del Ibex y tiene participaciones en las primeras empresas del país. Sabe.

Y añade: «Mis compañeros en Francia, Suiza y Reino Unido explican lo mismo, que la bolsa española es la favorita». Sí, ya Paul Krugman, el Premio Nobel de Economía, hizo una famosa triple afirmación: «Uno, la bolsa no es la economía. Dos, la bolsa no es la economía. Y tres, la bolsa no es la economía». Pero, tras el cierre del estrecho de Ormuz, el FMI acaba de revisar a la baja sus previsiones económicas para el mundo y pese a ello mantiene para España su previsión del 2026: un aumento del PIB del 2,1%, que más que duplica la media de la zona euro (0,9%) y es cuatro veces mayor al de Italia (0,5%), donde Meloni gobierna con mayoría absoluta.

Pero también está —y mucho más presente en los medios de comunicación— la noticia mala: el bloqueo político que está perjudicando a los dos grandes partidos que han gobernado la democracia española y que deben tener algún mérito en el gran cambio social de España. Según dos encuestas publicadas el pasado fin de semana, por La Vanguardia y El País, desde las últimas elecciones generales, el PSOE, el partido del Gobierno, ha perdido entre 3,7 y 4,6 puntos respecto a su 31,7% del 2023. Es una bajada relevante —no un desplome— que se puede explicar porque la ley de amnistía —conveniente en Catalunya— fue impopular en otras comunidades, porque la mayoría de la investidura hace aguas, por los casos de corrupción, y porque la vivienda está peor que en 2018, cuando Sánchez llegó al Gobierno.

Pero lo más sorprendente es que el PP no se ha beneficiado nada del descenso del PSOE. Respecto a 2023, cuando tuvo el 33,1% de los votos, ha perdido entre 1,1 y 2,9 puntos. ¿Por el estilo bronco de su oposición? Lo indiscutible es que tanto Feijóo como Sánchez —este más— han perdido fuerza. Y el único partido que sube y con empuje es Vox, que ha saltado del 12,4% al 17,2% o al 18,5%.

Hay muchas causas para el ascenso de la extrema derecha, que no es solo un fenómeno español. Pero que el PSOE y el PP hayan estado toda la legislatura en una guerra sin cuartel, y dificultando el correcto funcionamiento de las instituciones, es muy probable que les haya desprestigiado y contribuido al ascenso de Vox. Pese a que Abascal está muy lejos de tener el tirón de Meloni o Marine Le Pen.

Y —más chocante— esto pasa pese a que ni al PSOE ni al PP les interesa que Vox crezca. El PSOE cree que es un peligro para la democracia y el PP anticipó elecciones en Extremadura y Aragón en un intento fallido de dejar de depender de ella. Ahora, el PP ha pactado en cuatro comunidades, pero —diga lo que diga— no está contento. La prueba es que Feijóo propone cambiar la ley electoral para que el primer partido obtenga una prima de diputados. O sea, para no tener que pactar con Vox el Gobierno de España. Pero Feijóo parece ignorar que tocar la ley electoral exige un pacto PP-PSOE, que es lo que no han querido hacer en toda la legislatura. Y tampoco hace falta tanto. En Andalucía, al PP le faltaban dos míseras abstenciones socialistas para que Moreno Bonilla —contradiciendo su campaña— no tuviera que pactar con Vox. Pero ni el PP lo pidió ni el PSOE insinuó que podría hacerlo.

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