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Opinión

Corrupción

Lo peor de la llamada de Trump a la FIFA para que revisaran la suspensión de uno de los jugadores de la selección estadounidense no fue la llamada en sí misma, que fue grave, sino el modo en que un senador republicano, Ted Cruz, elogió al presidente, entre risas, por intervenir en el campeonato a favor del equipo. La imagen lo dice todo. Es un político que, además de normalizar la corrupción, presume de poder y, de paso, rinde pleitesías a su líder. Todo lo que va mal en el mundo de la política se resume en esa escena. La de una persona que ya no se rige por los códigos éticos convencionales, ni los principios ideológicos, ni el sentido común. Cruz no es el único. Trump consiguió que muchos congresistas y periodistas hicieran y dijeran muchos disparates para justificarlo.

Resultaba verdaderamente asombroso ver cómo, en Fox News, unos comentaristas trumpistas mostraban su indignación por el comportamiento de Graham Platner, candidato demócrata al Senado por Maine, después de que este fuera acusado de agresión sexual, teniendo en cuenta lo que se ha dicho sobre su jefe. Platner se ha retirado finalmente de la carrera al Senado, como debe ser, como se lo pedían esos republicanos y, sobre todo, debido a la presión de muchos demócratas. Porque, al parecer, para un partido todavía siguen aplicándose las viejas reglas de conducta. Pues lo que decían de Platner se podría decir de Trump. Aunque la audiencia a la que iban dirigidos esos comentarios no se diera nunca por aludida. He ahí el secreto de la polarización. Vivir en dos mundos distintos, tan cercanos y lejanos al mismo tiempo.

Conviene recordar que los republicanos quisieron hacer lo mismo con Trump cuando se publicaron informaciones que cuestionaban la manera en que presuntamente trató a algunas mujeres. Tampoco les gustaba su lenguaje, sus formas, su agresividad, su crueldad. Todas esas preocupaciones se esfumaron de inmediato cuando consiguió la nominación y quedó claro que él era el dueño del partido.

Desde entonces, siguiendo los consejos de Roy Cohn, mentor del magnate, lo único que podían hacer era negarlo todo, atribuirlo a una conspiración, al odio irracional de la izquierda, al síndrome del trastorno de Trump. De ese modo se podían mover en un terreno embarrado en el que el líder republicano quedaba exento de culpa, fuera cual fuera la acusación.Volvamos a la escena de Ted Cruz. Este hombre se enfrentó a Trump en 2016. Hasta ganó las primarias de Iowa. Trump dijo de él barbaridades. Entre otras cosas, relacionó a su padre con el asesino de Kennedy.

Lo llamó mentiroso. Cuestionó su identidad, sus orígenes y su patriotismo, preguntándose si era legítimo que Cruz fuera presidente habiendo nacido en Canadá. Lo acusó de promover el fraude electoral en Iowa. Y, finalmente, se burló de su esposa, realizando comentarios despectivos sobre su aspecto físico. En los últimos años, Ted Cruz se ha convertido en el máximo defensor de Trump. Es el primer zalamero de esta presidencia. Trump ha hecho mucho daño. Pero no solo con su proyecto político, sino por cómo ha logrado que muchos de sus compatriotas perdieran totalmente el norte. Esta es la degradación del sistema democrático. Quien lo probó, lo sabe.

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