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Opinión

El paisaje

Cierra los ojos un momento e imagina tu paisaje preferido. Quizá sea un paisaje de infancia, un lugar en el que puede que solo hayas estado una vez, pero las sensaciones que asocias a él sean las más importantes de tu vida. Quizá sea tu paisaje cotidiano y no haga falta ni que cierres los ojos.

Os confesaré cómo es el mío. Hay pinos a ambos lados, y también en la parte baja del llano asoman las copas de unos pinos que están creciendo. Lo sé porque en las puntas de las ramas las agujas son más tiernas; de un verde joven, de manzana, de infancia. No se mueven, no hace viento. Al fondo, enmarcados por el pinar, el mar y el cielo. A mí me gusta cuando el azul se va oscureciendo hacia el final, para cortar el horizonte con un azul de cielo que se pelea con el gris. Observo el mar desde dentro del pinar, huele a resina y se oye piar a algún pájaro. Es un lugar concreto que, si algún día desapareciera, se llevaría consigo parte de mi memoria.

Un paisaje es algo extraño. Si lo tenemos al alcance, a menudo acaba desapareciendo. Nos acostumbramos a él y solo lo invocamos cuando necesitamos sentarnos a pensar, a contemplar o a llorar. Mientras todo cambia —las personas, nosotros mismos, los trabajos, los hijos—, él sigue ahí. O eso creemos. Quizá aquel pinar también nació después de un incendio que, hace muchos años, borró el paisaje de otra persona.

Los japoneses, que parece que tienen una palabra para cada concepto, llaman furusato al paisaje del que procedes, aunque ya no vivas allí. El lugar que te ha ido haciendo mientras tú crecías. Quizá por eso, cuando arde un bosque, nos sentimos tan tristes. Arde la tierra, decimos. Pero también desaparece el lugar donde los recuerdos encontraban su sitio.

Los bosques volverán a crecer. Siempre lo hacen. Pero el tiempo de los bosques no es el nuestro. El pinar que algún día recuperará aquel horizonte no será el que hoy recuerda quien lo ha visto arder. Habrá otro olor a resina, otra sombra, otros pájaros. Los paisajes también tienen biografía. Y a veces olvidamos que la nuestra se escribe sobre ellos. Hasta que un día el fuego nos obliga a recordarlo.

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