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Opinión

Fútbol: ¡viva la diversidad!

Supongo que mañana domingo, queridos y queridas, será un día grande para muchos y muchas de ustedes. Juega la Selección Española de Fútbol masculino la final del Mundial, y no cabe duda de que será un evento seguido por millones de personas en todo el mundo, pero aún más en Argentina y España, equipos finalistas en el torneo. Sé, porque lo tengo cerca, que muchas veces la afición es verdaderamente intensa, y me consta que hay muchas personas en nuestro entorno que lo vivirán de una forma igualmente potente, y que sufrirán o reirán ese día en función de cómo vaya el juego. Si usted está en la nómina de los acérrimos seguidores de ese deporte-espectáculo, vaya por delante que le deseo lo mejor: grandes satisfacciones en el disfrute de ese especial partido y que todas sus aspiraciones sean colmadas…

El espíritu de este artículo es el de, más allá de lo enunciado en su primer párrafo, abogar por la diversidad, que existe y es importante que se visibilice. Y lo hago porque, siendo consciente como digo de la gran preponderancia que tiene el fútbol como espectáculo en nuestra sociedad y del enorme esfuerzo de su industria asociada para continuar en esa línea, quiero expresar que no siempre es así. Hay personas —muchísimas— que vibran con la visión de las contiendas de balompié, pero también con las del baloncesto, la gimnasia rítmica o la deportiva, el atletismo, el golf o el esquí… Y, mucho más que eso, quien disfruta participando activamente en alguna de esas disciplinas, o de otras. O, cambiando de ámbito, quien lo pasa bomba leyendo, tocando algún instrumento musical, jugando al ajedrez o aprendiendo de memoria un buen número de decimales del número irracional pi… Lo que quiero expresarles, amigos y amigas, es que es bueno no dar nada por sentado y meter a todo el mundo en el mismo saco. De hecho, soy un verdadero enamorado de la idea de que debería haber tantos sacos como personas, porque nadie comparte exactamente las mismas veleidades, deseos, inquietudes, aficiones e intereses con los de otra persona. Cada uno y cada una somos un mundo, y creo que es importante explicitar esto siempre. También en la letra pequeña de las crónicas…

Y esto viene a colación porque últimamente, a tenor del fútbol y del excelente papel de la selección española masculina en el vigente Mundial, se escuchan épicos discursos del tipo «todo el país brinda por…». Y no, amigos y amigas, no todo el país. Una parte muy significativa del país puede que sí, pero ni todo el país ni conviene ningunear a quien no lo sienta así. Creo que es importante para prevenir problemas, entendernos todos y todas mejor y para no simplificar demasiado la enorme panoplia de sensibilidades y formas de ser que nos atañen como humanos. Creo que es hasta bonito entender la diversidad de esta forma, desde todos los puntos de vista.

Miren, a mí por ejemplo me encanta jugar al fútbol. Y… juego mal, desde siempre. Recuerdo cuando en el primer curso del B.U.P. en el instituto jugábamos a veces un ratito al salir de clase, y también mi enorme decepción cuando, al querer hacer lo mismo en el segundo curso de B.U.P., mis compañeros se habían pasado ya al baloncesto, en aquellos años en los que se le dio mucho impulso a este otro deporte en este país. «Nada, de fútbol nada», me decían, «vente a encestar»… Y yo, que nunca he sido de jugar al baloncesto, me quedé compuesto y sin equipo…

Pero una cosa es que me guste jugar al fútbol y otra, muy distinta, que me interese verlo. Nada, en absoluto. Y es más, no entiendo tampoco que —en general— levante tantas pasiones seguir las evoluciones de veintidós personas sobre el campo, no siendo ninguna de ellas tú. No va conmigo y sí, me aburre. Mucho. Y además les confieso que siento envidia de las personas que se pueden montar su ocio simplemente encendiendo el televisor y viendo cómo juegan otros, en una perfecta sesión de sillón-ball… Nunca lo he practicado pero me encantaría ser así, sin tener que romperse demasiado la cabeza en hacer cosas uno y teniendo siempre infinitas posibilidades, casi a la carta…

Aparte de esto, hay quien con la cosa del Mundial exacerba los diferentes patriotismos, apelando a valores de unidad que, desde mi punto de vista, mejor sería si se aplicasen a temas verdaderamente importantes en nuestras vidas, de forma que tales consensos y tal sentimiento patrio sirviese para arreglar las injusticias, mejorar las formas de vida y abundar en oportunidades menos ligadas a la situación de partida de cada cual… No sé, tal y como se vive hoy el Mundial, la Liga o el fútbol espectáculo en general, yo sigo viendo en ello mucho «panem et circenses», mucha industria que deja en algunas manos mucho dinerito, y una pasión tremenda de personas que, en el fondo, no son tenidas en cuenta en todo eso que se mueve… Aun así, disfrútenlo si es su opción. Yo quizá dé un paseo por el campo en ese momento, en el que seguro habrá mucha tranquilidad…

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