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Opinión | Shikamoo, construir en positivo

Una unidad de pacotilla

Tengan ustedes buenos días, por decir algo… Y es que no, no me refiero a si la meteorología es o no favorable, lo cual también depende de los intereses y el punto de vista de quien lo diga, sino que la categorización de días buenos o malos que les propongo trata de ser más general, abarcando muchos más aspectos… Y, con eso, la idea es que los días difícilmente pueden ser buenos cuando están pasando tantas cosas preocupantes a nuestro alrededor que es complicado soslayarlas…

Pero bueno, haciendo abstracción de todo, los buenos días les quedan deseados. Y, a partir de ahí, entramos si les parece en harina. Hoy hablando de lo mal que queda la petición unánime de unidad por parte de todos los actores en liza ante el devastador fuego que quema el país, cuando en realidad tal deseo es de pacotilla y responde solamente a una pose. Y eso, queridos y queridas, está mal. Nos merecemos gestores públicos que resuelvan verdaderamente los grandes problemas a los que nos enfrentamos o que, si no pueden hacerlo, que al menos lo intenten de verdad…

Dicho lo cual, recuerden que «obras son amores, que no buenas razones». Y que «el camino se demuestra andando», por rescatar dos joyas del acervo popular. O, expresado de otra manera, que las grandes declaraciones tienen que ir acompañadas de las políticas adecuadas, y estas del presupuesto necesario. Todo esto lleva a diferentes corolarios realmente palmarios, que retratan a cada cual y que vacían de contenido todo el pesar, la escenificación y la presunta zozobra contenidos en buena parte de los discursos, así como la antedicha apelación a la unidad. No, hace falta mucho más que eso y, si esto no se asume, lo demás no sirve para nada.

Miren, todos los negacionistas del cambio climático quedan desacreditados por tal postura, digan lo que digan ahora. Enfrentarse a los datos objetivos y a la práctica totalidad de la comunidad científica con argumentos de medio pelo, duele. Pero, si además, quien lo hace está motivado por unos determinados intereses, ocurrencias, creencias o tendencias de moda, mucho más. Y si tiene responsabilidades de gestión u orgánicas en una formación que las tenga, peor aún. Hay cosas que no pertenecen al candelero de lo mediático, y nos gastamos como pueblo demasiados millones de euros en hacer ciencia seriamente para aguantar tonterías varias que luego se plasman incluso en programas electorales, que acaban seduciendo a más de uno y que se consolidan como tarjeta de presentación y marca personal de cuatro a quienes no les importa verdaderamente nada… No puede ser… ¡Por favor, rigor!

También aquellos gestores que no asumen la causalidad, la relación entre causa y consecuencia, quedan descalificados por mucho que lloren ahora. Tú no puedes tener a los bomberos forestales manga por hombro sin contrato buena parte del año, haber reducido el gasto en prevención del fuego de una manera obscena y escandalosa, haber contraído los recursos disponibles vía dumping fiscal y reducciones de impuestos descontroladas para resultar chic para una parte de los electores y electoras, y ahora llorar o, peor aún, criticar al Gobierno Central, a la Unión Europea o al Pisuerga, que pasa por Valladolid, por lo que luego te llevas en términos de tierra quemada… Tampoco es de ley… En absoluto.

Miren, ya lo hemos hablado aquí... Los incendios de ahora son de aúpa. De sexta generación, muchos de ellos, con corrientes de convección que propagan el fuego hasta extremos nunca vistos a una velocidad a la que no es posible atajarlos más que por el aire, a duras penas. Y la mala noticia es que van a ir a peor. Ante eso poco podemos hacer, vistos los efectos del cambio climático, traducidos a un calor y a una sequedad extremos y a una virulencia de otros fenómenos climáticos jamás vista antes, incluidos potentes vientos que son otro intenso flagelo en la expansión del fuego. Pero sobre lo que sí podemos actuar es sobre la cantidad de combustible —pura yesca— en nuestros montes, en la preparación de terrenos mosaico —la alternancia de prados, bosques, huertas y fincas con otros usos de toda la vida— y en el cuidado del sotobosque. Todo eso sí que es posible, necesario, urgente e inaplazable, para lo que hacen falta manos y dinero, y otro modelo forestal.

Sí, otro modelo forestal, distinto al de acumular toneladas y toneladas de madera en un monte que ha de ser mucho más que un sustrato cada vez más maltratado… Pero, claro, eso vuelve a implicar políticas activas, que siempre consumen dinero… Dicen algunos especialistas que bastarían mil millones de euros adicionales, un 3% del presupuesto en Defensa, pero que luego implicarían el ahorro de lo infinitamente más que nos gastamos en intentar apagar los fuegos, sin demasiado éxito…

Unidad, pero también en la acción inaplazable, y sin cantos de sirena.

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