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Opinión | Shikamoo, construir en positivo

Positivos en drogas y alcohol...

¡Buenos días, amigas y amigos! ¿Ven como agosto se desliza por la cuesta abajo casi imperceptiblemente, sin prisa pero sin pausa? Y es que tempus fugit, queridas y queridos, y lo que ayer era presente hoy está generalmente más que amortizado, mientras que el futuro no deja de ser una entelequia que nunca sabemos si llegará...

Y más incierta será todavía esa vida del mañana si las carreteras siguen poniéndose cada vez peor. Pero no me refiero tanto al estado de las infraestructuras, que daría no para una columna sino para cuatro periódicos enteros, como al comportamiento de las personas en las mismas. Y es que, ¡oigan!, hace un tiempo hablaba yo de una cierta impunidad al volante, pero ahora tengo la percepción de que la misma es aún mayor...

Miren, por circunstancias de la vida hago de cincuenta a setenta mil kilómetros al año al volante desde el año 1992. Con matices, y con anualidades más tranquilas a veces en medio, pero también con puntas por encima de esas cifras, y bien lo saben los concesionarios donde he comprado y mantenido diversos vehículos, cada vez más eficientes y menos contaminantes. Y cada vez, y ya son años, veo más locuras en la carretera. De camiones o autobuses que te van pisando los talones porque has reducido a noventa kilómetros por hora en un túnel donde hay un disco que marca tal limitación claramente, a particulares que disfrutan de bula para saltarse a la torera no solamente ese o cualquier otro límite, sino que aún tienen más que decir cuando tú haces lo correcto, no solamente desde el punto de vista administrativo, sino también desde el del sentido común.

Sí, yo creo que hay impunidad, porque cada vez se ven menos profesionales velando por el buen comportamiento y el cumplimiento de la norma al mando de un vehículo, y creo que eso da ciertas alas a determinados perfiles de infractores para creer que «ancha es Castilla» porque «yo lo valgo»...De desplazamientos laterales de cuatro carriles comprometiendo la seguridad del conjunto a adelantamientos por la derecha, pasando por conducciones muy agresivas, incluida esa tan pintoresca de adelantarte por la salida al centro comercial de Iñás cuando tú circulas a cincuenta kilómetros por hora en sentido a Coruña, cumpliendo lo establecido en ese tramo. Sí, me leen bien... ¿no les ha adelantado alguno o alguna a la velocidad del rayo aprovechando la salida al centro comercial, por la derecha, para reingresar a la carretera nacional delante de ti, cuando tú vas a cincuenta no porque seas una especie de florero puesto allí, sino porque es lo que toca? Pues a mí, amigos y amigas, mil veces... Y la verdad es que estoy harto de tales comportamientos irresponsables y fuera de cualquier lógica.

O lo de la AP-9 en la curva de la salida de O Burgo, con el patio de un colegio muy cerca, de lo que hemos hablado aquí ya muchas veces. Preciosos discos de noventa kilómetros por hora, que creo que atiendo yo y cuatro más... Los demás no tienen reparos en adelantarte a ciento veinte o más mientras tú vas por el carril lento, sin posibilidad de realizar el cambio de carril y mientras otros conductores y conductoras tratan de incorporarse a la vía de alta capacidad, no pudiendo entonces tú facilitarles la maniobra... Y... Nada de nada. Ni radar ni patrulla disuasoria, ni cultura ni ganas de entender que somos muchos y muchas, y que tenemos que entendernos. Una verdadera ley de la selva, que cada día está más arraigada... Y, claro, luego suceden lo que llaman accidentes... ¿Accidentes? Hombre, alguno habrá. Pero otros son, más que accidentes, la crónica de una muerte anunciada...

Pero nada de eso es relevante comparado con el tema que pongo en el foco hoy, que es el de conductores que circulan dando positivo en alcohol y drogas, incluso algunos de ellos reincidentes... Ya ven, ha habido últimamente casos que claman al cielo, y basta mirar las hemerotecas para ver que tal cosa no es flor de un día. Luego, se llevan vidas por delante y vuelve a sonar la palabra «accidente»... De accidentes nada, queridos y queridas. Las drogas y el alcohol —y esto es científico, ante lo que no vale el «yo controlo»— merman sobradamente la capacidad de reacción del individuo, crítica cuando uno está a los mandos de un vehículo. Y por eso son inaceptables desde cualquier punto de vista, se ponga quien se ponga como se ponga. Esa es la razón por la que yo sería inflexible con las personas que siguen perseverando en unir sus adicciones a tales sustancias —privadas, mientras no influyan en las vidas de los demás— a la suerte que podamos correr usted o yo si nos pillan por delante en el asfalto... Creo que hay dolo, alevosía y mucho más en quien conduce drogado o bajo los efectos del alcohol, en cualquier medida. Y creo que tenemos que dar un paso al frente y no consentir de ningún modo semejantes circunstancias... Endureciendo mucho la ley, pero sobre todo trabajando en lo educativo y, muy importante, siendo mucho más consecuentes a la hora de abordar colectivamente el rol de tales sustancias en nuestra sociedad...

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