Opinión
Desde el abismo
Reflexión sobre el duelo, la pérdida irreemplazable y la necesidad de sanar antes de amar
Emily Dickinson escribió en una de sus cartas a Martha Gilbert Smith en 1884: «Tratar de hablar de lo que ha sido sería imposible. El abismo no tiene biógrafo».
Cómo se experimenta el abismo lo he probado en mi propia carne, pero me resulta imposible (al menos a mí, al menos ahora) intentar trasladar a palabras cómo es estar en el ojo del huracán y ver cómo tu realidad conocida es arrasada junto a tu propia existencia. A fin de cuentas, ¿cómo se describe el abismo?
En el abismo no hay lugar para sustitutos: simplemente acontece el fin del mundo. Además, ¿qué es eso de sustitutos? ¿Acaso cada criatura viva no es única e irreemplazable? De hecho, no solo era única la criatura que te acompañaba, sino también la unión de esa criatura y tú. El abismo no sólo acontece por la pérdida de esa criatura, sino por la muerte de la persona que eras estando con ella, por la desaparición de ese combo que creías irrompible, por la «y».
De repente, eres lanzada sola al universo con la desaparición de todo lo que habías proyectado a futuro que serías con ella cuando ahora sólo existe un «yo». Y ese yo irremediablemente se ve abocado al abismo. Todas las posibilidades del otro, tuyas, «nuestras» desaparecen... Sólo queda un vacío, un gran cráter que ha abierto una llaga enorme en tu cuerpo: se han roto las placas tectónicas y sólo bulle magma alrededor (y el magma no sólo quema, también desintegra).
¿Os atreveríais a decirle a una madre que acaba de perder a un hijo que para cuándo el siguiente, a un viudo que cuándo va a buscarse una nueva mujer u hombre? Si sabemos que madre y padre sólo hay uno, ¿por qué jugamos a la «creación» con el resto de seres? ¿Acaso no debería imperar la misma lógica?
Tras la pérdida, el abismo y el luto; luego, con el tiempo, ya se verá.
Una amiga me intentaba argumentar el otro día que hay muchos animalitos solos en el mundo, a punto de morir, que por qué esperar a ayudarlos. Mi respuesta: para poder quererlos bien, para estar en condiciones de poder amar y cuidar y dar lo mejor de ti a esa criatura que necesita un hogar, pero para que ello acontezca has de haber abandonado ya el abismo, porque si no lo único que conseguirás será arrastrar a este ser también a él. ¿Y cómo vamos a querer que nadie habite el abismo?
De momento, estoy aprendiendo a vivir sola íntegramente por primera vez con mi dolor, mientras más y más citas médicas acechan y nuevos diagnósticos caen como losas. Toca una etapa nueva, de luto, aunque no quiera (nadie queremos). El futuro ya se verá qué es y si llega o no.
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