Opinión | Shikamoo, construir en positivo
Fuego: Riesgo extremo
Todos los veranos hablamos de incendios forestales, y este año no ha podido ser menos. En esta sección ya han desfilado un par de columnas, al menos, donde desde diferentes puntos de vista se tocaba el tema. No es para menos, visto el luctuoso balance que el año 2026 está cosechando, con tres semanas de agosto aún por delante. Pero, ¿saben?, presiento que en el caso de Galicia lo peor puede estar aún por llegar, porque comparando nuestra situación con la del resto de España u otros países de Europa en este 2026, y viendo que la cuestión aquí ha estado bastante contenida hasta ahora en tal período, creo que tenemos muchos boletos para que el infierno aún se nos desate...
Creo, además, que las diferentes administraciones públicas competentes en la materia tienen la misma idea y son muy conscientes de ello, y en ese sentido entiendo los reiterados avisos actuales de que se extreme toda precaución en lo que sigue del verano. Las grandes concentraciones de personas y el alto nivel de ocupación de nuestro territorio debidos al singular eclipse total del próximo miércoles son un factor añadido para ser prudentes, y me parece que tendremos que ser especialmente cuidadosos en este tiempo que queda para que el verano vaya cediendo el testigo al otoño... Todo dependerá mucho de la meteorología, claro, pero me parece que esto tampoco ayudará. Los centros especializados en predicción ya nos están advirtiendo de un próximo incremento de las temperaturas, que elevará la alerta por posibles fuegos a niveles máximos. Y es que el monte, a estas alturas del verano, es pura yesca. Cualquier interacción con el mismo, o incluso determinados fenómenos naturales pueden activar el desastre.
Lo que estamos viendo en términos de reiteración de las olas de calor llama mucho la atención. Eso, y el muy significativo incremento de la temperatura del agua del mar. No olviden que esto último producirá una mayor inyección de energía en la atmósfera a medio plazo, lo cual podrá implicar una gran virulencia en los fenómenos recurrentes que causan destrucción y muerte en amplias zonas del país. Llámenles danas —depresiones aisladas en niveles altos—, gotas frías —que en puridad serían consecuencia posible de las primeras, aunque suelen usarse ambos términos como sinónimos— o cualquier otro término más o menos actualizado en el lenguaje científico... No dejan de ser los reventones de toda la vida por la coexistencia de masas de aire frío en altura sobre un mar —generalmente el Mediterráneo— cuyas aguas están mucho más calientes, generándose un contraste vertical extremo. Y ya saben todos ustedes, tristemente, el impacto que puede tener tal tipo de fenómenos y las avenidas o riadas que, a partir de los mismos, se producen en las zonas de recepción del agua caída. Y que este año, vistos tales mimbres, podrían recrudecerse...
Pero la meteorología tiene hoy también un papel fundamental en la expansión y en la mayor extensión de los fuegos, de forma que toda esa energía en juego en la atmósfera se alía de alguna manera con el incendio y sus altas temperaturas para producir su propio y muy violento microclima ligado a ese fuego. Ya no son solamente el bajo nivel de humedad y la presencia de fuerte viento los factores que pueden empeorar la cuestión, sino que el propio evento de quema produce, en una atmósfera sobrecalentada, tanto corrientes como fenómenos explosivos que hacen que las llamas se vuelvan absolutamente incontrolables en un período muy corto de tiempo, sin que los medios convencionales puedan actuar, estando entonces los brigadistas en un muy alto riesgo de perder sus vidas.
Es por eso que, mejores políticas forestales aparte, a las que también hemos dedicado tinta este verano y siempre, les pido en estas últimas líneas que extremen la prudencia. Que tengan mucho cuidado, y que sean conscientes de que cualquiera de nosotros o nosotras puede ser el vector que inicie sin vuelta atrás el averno. Conciudadanos y conciudadanas, extrememos la precaución, tengamos todos los sentidos muy pendientes de algún posible inicio de un fuego con el que nos podamos encontrar, y seamos piezas clave en la reparación de nuestra ya muy maltrecha Naturaleza. Una simple mirada a las provincias de A Coruña y Pontevedra mete verdadero miedo hoy, por los continuos desaguisados producidos en sus ya casi inexistentes bosques autóctonos, y las de Lugo y Ourense —mejor conservadas— sufrieron de lo lindo el año pasado... Ojalá este año, con todo lo triste que está siendo en general en materia de fuegos y sus consecuencias, no vuelva a tocar a Galicia, porque el nivel de desastre actual ya casi entra en lo irreparable...
Sean felices y cuídense mucho... Y... el próximo miércoles, volveremos a hablar del eclipse...
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