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Opinión

La bolsa paga el verano

Todos los veranos hay conversaciones sobre temas puntuales (el eclipse que ya fue, La Odisea que sigue en cartelera) y temas recurrentes. Entre estos están el clima, las medusas, los fichajes del fútbol, los incendios y los precios al alza de los restaurantes. Pides cuatro calamares, unos mejillones, unas croquetas y tomate para disimular que vas de sano, una caña, un vino y ya te sube la factura a 50 por cabeza en el chiringuito más normal. Y si además te da por el postre ¡el rey del margen! y un café, agrega 10 euros más. Claro que, si en vez del chiringuito, te acercas al restaurante de moda tocando el mar o el clásico de toda la vida del pueblo interior, la factura final supera el récord del año pasado. A bote pronto, un 5% más como mínimo. Sin tener en cuenta, como comentaban unos amigos con los que compartimos mesa y mantel cada agosto, que las raciones siguen siendo cada vez más pequeñas. En vez de 38 patatas fritas, 30. Los restauradores piensan en nuestra dieta. Habrá que agradecérselo.

Pero, qué más da. Los comederos, de todos los gustos y colores, están llenos. Al menos, en algunos lugares privilegiados donde convivimos indígenas con dueños de segundas residencias y guiris de países aparentemente serios (Suiza, Francia, Holanda, Alemania) que cuando llegan aquí se transmutan en gamberros sociales.

¿Felices años 20 o la historia va por barrios? Hemos pasado de la pandemia a la invasión de Ucrania y a la guerra en Próximo Oriente con el miedo en el cuerpo, pensando que acabaríamos inmersos en una gran estanflación (inflación más recesión). No ha sido así. Unos datos en frío, medianas que no responden del todo a las desigualdades que impiden que no todo el mundo pueda beneficiarse de esta insólita bonanza. Desde enero de 2022 hasta julio la inflación ha subido el 18,8% según el INE. En el mismo periodo, el aumento del coste salarial bruto por trabajador, sin tener en cuenta las cotizaciones sociales, lo ha hecho un 19,79%, hasta 2.403 euros brutos en el primer trimestre del año. La teoría: la croqueta de hoy tiene el mismo valor que la de hace cuatro años aplicando el incremento adquisitivo.

Más allá de la evolución de los salarios e ingresos derivados de la actividad empresarial, la gran diferencia respecto a 2022 es la revalorización del patrimonio familiar. No solo se trata del valor de la vivienda, que no deja de ser un inmovilizado, sino del efecto riqueza generado por el aumento de las inversiones en valores y activos financieros. En cuatro años y medio, el Ibex 35 se ha revalorizado un 133%, un porcentaje que —puntos arriba, puntos abajo— se repite en los grandes índices bursátiles del mundo. Según las cifras de Inverco y el Banco de España, hay entre 6,5 y 7 millones de españoles que invierten en bolsa o fondos de renta variable. Todos ellos, siempre que hayan invertido en una cartera diversificada, se sienten hoy más ricos y consumen más aunque sus ingresos básicos se hayan mantenido estables. La bolsa también paga este agosto.

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