Opinión
Promesas incumplidas
A principios de agosto vaticinaba que en este verano de crisis los distintos conflictos bélicos irían cada vez peor. Y, por desgracia, así ha sido. Se han cumplido los 60 días de plazo que Estados Unidos e Irán se dieron para alcanzar un acuerdo y acabar una guerra que Trump no sabe explicar por qué la empezó. Y no hay acuerdo sobre nada. Ni siquiera para seguir negociando. El supuesto alto el fuego nunca se cumplió y ahora Trump vuelve a lanzar amenazas apocalípticas contra Irán, y contra todos los que se atrevan a comerciar con él. Y ha anunciado, contra toda evidencia, que el estrecho de Ormuz ya está abierto pero que solo pasan los que EEUU quieren.
No es así, y las reservas de petróleo mundiales siguen disminuyendo, dibujando la perspectiva de otra crisis energética. Y para ocultar su impotencia pública, declara que las dos riberas de Ormuz pasan a ser territorio de EEUU. No se sabe en qué consiste una nueva baladronada, al estilo de las que usa con respecto a Groenlandia y Venezuela. Pero hacerla realidad escapa a las capacidades militares de EEUU, cuyas reservas de municiones se están agotando a un ritmo que supera su capacidad de reposición. Se empieza a decir que Irán está haciéndole «un Carter» a Trump, en referencia a que a ese presidente su política iraní, y en particular la incapacidad de resolver la crisis de los rehenes, le costó perder la reelección.
Así, Trump incumple una de sus promesas electorales, la de acabar con las guerras sin fin que EEUU libraba por el mundo sin objetivos ni resultados. Y anuncia la anexión de Ormuz el mismo día en que se conoce que la deuda pública de EEUU supera los 40 trillions en inglés, o billones en castellano, es decir, millones de millones de dólares. Esto representa que se ha doblado en 10 años. Y para el año fiscal que acaba este 30 de septiembre, el déficit público alcanzará el 5,8 % del PIB. Es la consecuencia de no haber podido aplicar los aranceles, declarados ilegales por el Supremo, y del aumento del gasto en defensa, un billón de dólares más de lo previsto este año. EEUU está envuelto en una espiral de crisis de deuda, que representa otra promesa incumplida por parte de quien acusaba a los demócratas de manirrotos y prometía poner orden en las finanzas públicas.
Entre inflación —del 3,4 % en julio— y déficit, los tipos de interés van al alza, aunque el nuevo presidente de la Reserva Federal no haya querido modificar los tipos de referencia. Pero el interés de la deuda pública escala ya al 4,7% para el bono a 10 años, obligando al Tesoro a doblar sus compras de deuda para evitar un nivel en el que ningún presidente ha ganado elecciones.
La otra promesa incumplida es la de acabar con las guerras en Ucrania y Oriente Medio. La fanfarronada de que acabaría con la primera «en una semana» ha sido trágicamente desmentida por los hechos. La política errática de Trump, primero humillando a Zelenski y dando todos los honores a Putin, para luego ver cómo este no le hacía caso en ninguna de sus propuestas de alto el fuego, no ha hecho sino recrudecer la dureza del conflicto. Los bombardeos de las refinerías rusas a miles de kilómetros del frente demuestra la capacidad de Ucrania. Pero las oleadas de misiles y drones rusos contra la población civil, con 40.000 personas buscando refugio estos días en el metro de Kiev, muestran también la falta de capacidades antiaéreas que Europa no es capaz de remediar por mucho que intentemos substituir a EEUU en esas capacidades defensivas.
Y en Oriente Próximo vemos el agravamiento descarado de la limpieza étnica en Cisjordania. Cada verano, cuando el mundo occidental está de vacaciones, pasa lo mismo pero cada vez peor. Y la pasividad culpable de los gobiernos occidentales lo hace posible. Una violencia que ha causado 1.160 muertos entre los palestinos desde el 7 de octubre de 2023. En comparación, durante la primera intifada, de 1987 a 1993, hubo 713 víctimas de la violencia de la colonización. Hay algunas voces que se levantan en Israel contra lo que ocurre, menos en Europa y cada vez más entre la juventud americana. Otro fracaso de Trump escrito en la sangre de aquellos a los que prometió la paz.
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