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Opinión

Suiza, refugio climático

Escribo desde Suiza, adonde llegué hace casi un mes. Me hallo cerca de Ginebra, junto al lago Lemán, en un valle donde se cultiva una variedad de uva llamada Chasselas, que da un vino blanco fresco y afrutado —dicen que era el vino preferido de James Joyce—. La idea que tenemos de Suiza, a partir de los Alpes, el Mont Blanc siempre nevado y las vacas pastando en prados verdes, es que en verano es un refugio climático natural. Yo mismo puse en la maleta un jersey de lana para las noches frescas. Qué ingenuo: en tres semanas, hoy es el primer día que llueve seguido y la temperatura baja de los 30ºC. Ya sé que no se puede comparar con la canícula que durante 54 días ha azotado a la península, pero lo cierto es que, como mínimo en las llanuras suizas, ha tenido ecos apocalípticos. Un campesino me contaba que este año la cosecha de uva será muy mala —sol en exceso, poca lluvia— y se quejaba como si fuera una revancha personal de alguien.

Su reacción airada se asemeja a lo que se vive en el sur de Europa. Tras más de tres o cuatro años de calores extremos, la gente está harta y ha cambiado el desconcierto por la indignación, protestando con una frustración que busca culpables. El chivo expiatorio ya no es el meteorólogo, sino un ente superior, inconcreto, que tiene que ver con la emergencia climática. En Suiza, esta indignación del sur está un escalón por debajo y es una preocupación grave; en Alemania, Holanda y demás partes del centro de Europa las sensaciones son parecidas. No están preparados para la canícula larga ni para la imagen de ríos caudalosos como el Rin secándose. En Francia, donde el fenómeno es mucho más evidente, incluso un partido negacionista como el de Marine Le Pen intenta reorientar su discurso diciendo que ellos nunca han sido escépticos climáticos (no, ni poco).

Como las señales son desastrosas y apocalípticas, quizá ahora en el continente habrá más personas —y más políticos— que tomarán conciencia de que se debe actuar. Habrá que ver, sin embargo, en qué dirección: si de repente media Europa —la Europa rica— empieza a ponerse aire acondicionado en casa, estaremos aún más jodidos. n

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