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Opinión

A Coruña

EDITORIAL: La antigua estación de autobús

Mientras la discusión social arrecia sobre el aspecto de parte de la fachada de la nueva estación intermodal de A Coruña, cuyos vecinos temen un final de obra parecido al sufrido por la de Santiago, otras instalaciones históricas de la ciudad herculina han superado el medio siglo en el último cumpleaños de su historia.

La vieja terminal de autobuses dejará de funcionar a final de este ejercicio tras 51 años desde su construcción, puesto que la intermodal asumirá sus funciones en un espacio que integrará también el tráfico ferroviario.

Esas instalaciones se sitúan en un punto de la ciudad que requiere una adecuada respuesta para integrar el enlace de la nueva intermodal y el final de Os Mallos con Cuatro Caminos y el entorno de Ramón y Cajal, un proyecto que debería tener en cuenta las necesidades municipales y vecinales. Para conseguir un proyecto exitoso, existe un escollo que todavía no solo no se ha superado, sino que ni siquiera se ha planteado a nueve meses de las elecciones municipales, un momento político que complica aún más conseguir una solución consensuada entre administraciones gobernadas por partidos diferentes.

Concello y Xunta mantienen abierta una disputa sobre la titularidad de los terrenos de la terminal de autobús, si bien al menos la alcaldesa, Inés Rey, ha avanzado su intención de que parte de los mismos cuenten con «espacios verdes y usos públicos».

El Ayuntamiento argumenta que adquirió la parcela donde se asienta la infraestructura en la década de los años 70 y la Xunta abrió en 2019 un procedimiento para reclamar los terrenos, además de defender la titularidad de las instalaciones.

El interés general debería primar a la hora de buscar una solución para los terrenos que garantice un urbanismo moderno, con espacio para los peatones y evite la especulación, la misma que guio el primer proyecto para la urbanización de la zona portuaria de la ciudad y que finalmente perdió fuelle tras la presión social.

Según el Plan General de Ordenación Urbanística (PGOM) de 2013, el polígono de la estación de buses cuenta con 74.000 metros cuadrados de superficie en los que se podrían construir dos torres de 16 y 8 alturas, si bien quedarían fuera del terreno exacto que ocupa la terminal, donde se preveían equipamientos y zonas verdes.

La alusión al puerto tiene sentido. En 2009 se firmó un pacto que incluía la posibilidad de financiar las obras mediante los terrenos de la estación de buses antigua. El sistema era similar al previsto para el puerto hace más de dos décadas. Este acuerdo quedó extinguido con el nuevo convenio marco para construir la intermodal entre todas las partes involucradas, como son Gobierno central, Xunta, Ayuntamiento y el Administración de Infraestructuras Ferroviarias (Adif) , evitando posicionarse sobre la disputa de la propiedad, pero advirtiendo de la necesidad de modificar los usos de la zona mediante un nuevo documento que no se ha abordado desde entonces.

En el plan para diseñar ese nuevo espacio no figura ya el traslado de la Policía Local que había manejado el Gobierno de Xulio Ferreiro entre 2015 y 2019, pero tampoco parece probable que se revele una solución a corto plazo habida cuenta de la cercanía de las elecciones y la citada disputa entre Concello y Xunta.

Ambas partes desean evitar un pleito y al menos han ofrecido señales positivas a la hora se sentarse a negociar la reordenación del tráfico de entrada y salida de autobuses en la ciudad, una cuestión que puede parecer baladí, pero que impidió durante décadas la llegada del bus metropolitano al centro de la ciudad. Esta voluntad contrasta con el choque entre Ayuntamiento y Gobierno central para dar un uso a la antigua cárcel, cuya ruina parece no importar nada a 500 kilómetros de la ciudad y de sus vecinos. Nada nuevo bajo el sol.

El futuro de la vieja estación de bus debería demostrar que las administraciones han aprendido de la liberación de los muelles en la ciudad y agilizar la búsqueda de una solución.

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