13 de octubre de 2009
13.10.2009

Los vecinos quieren ultrasonidos contra el 'botellón'

Los afectados por el problema del consumo de alcohol en la calle explican que el 'mosquito' para dispersar a los jóvenes es una buena alternativa

13.10.2009 | 04:08

Los vecinos que padecen el botellón y los residentes de las zonas que han sido declaradas de especial protección que han sufrido el problema en el pasado lo tienen claro: el aparato de ultrasonidos que supuestamente es capaz de ahuyentar a los jóvenes -conocido como mosquito- es una buena solución para acabar con el consumo de alcohol en la vía pública y con los actos vandálicos.

Los residentes de Santa Catalina que cada fin de semana escuchan el ruido que generan los jóvenes que abarrotan la plaza, los vecinos de El Ensanche que protestaron por los incidentes callejeros que ocurrían a la entrada de dos locales after hours de la calle Pintor Joaquín Vaamonde y los que habitan en las inmediaciones de los jardines de Méndez Núñez son partidarios de que los afectados por el fenómeno tomen la iniciativa y recurran al polémico mosquito.

Los que se han manifestado a favor del aparato de ultrasonidos, que cualquiera puede comprar a través de internet, destacan que no existe ninguna ley que prohíba su uso y que el ruido que produce, aunque muy molesto para los menores de 30 años que pueden escucharlo, no es dañino para la salud.

"Si no hace daño ni causa lesiones, es una medida que me parece prudentísima", comenta Herminio Carballido, vecino de Santa Catalina que ha protestado en reiteradas ocasiones por el vandalismo y el ruido que genera el botellón en la zona donde reside.

Los residentes que apoyan la utilización del mosquito matizan que el debate sobre el aparato de ultrasonidos antibotellón no existiría si el Ayuntamiento o la Xunta hubieran prohibido beber en la calle. Además, los afectados por el problema del consumo de alcohol en la vía pública exponen que el derecho al descanso de los vecinos y la seguridad ciudadana deben prevalecer sobre la supuesta libertad de reunión que, según los que critican el mecanismo, vulnera el mosquito.

"Mi opinión es que hay que prohibir beber en la calle, pero, si las autoridades no funcionan, me parece bien que los vecinos tomen la iniciativa", comenta el presidente de la asociación de vecinos de El Ensanche, Gerardo Crespo.

Uno de los ejemplos más claros de la aceptación del aparato de ultrasonidos entre los vecinos críticos con el botellón es el de los residentes de la plaza del Humor. Estos vecinos, aunque ahora disfrutan de las ventajas de habitar en una zona de especial protección, reconocen abiertamente que no habrían dudado en utilizar el mosquito en la época en la que cientos de jóvenes se concentraban frente a sus portales para consumir alcohol.

"Por supuesto que me parece bien. Habría recurrido a ese sistema y a cualquier otro legal que permitiera acabar con el botellón. Cuando aquí había botellón estábamos desesperados y hubo vecinos que incluso se plantearon tirarles a los jóvenes agua y basura", explica Blanca Villalta, residente de la plaza del Humor.

La vicepresidenta de la asociación Distrito 1 y cofundadora de la plataforma antibotellón, Beatriz Rodríguez, también apoya el empleo del aparato y consideraría interesante que los afectados por el problema lo probaran. "Llega un momento en que los vecinos prueban cualquier cosa. Justifico toda medida que, sin hacer daño, permita que desaparezca el botellón", declara.

Experimento frustrado

El debate acerca del mosquito se inició en la ciudad después de que un grupo de artistas planificaran experimentar con él en los jardines de Méndez Núñez. Esta prueba, que tuvo que trasladarse a la sala de exposiciones del palacio municipal por considerar el Concello que realizarla al aire libre atenta contra la libertad de los jóvenes, permitió que los afectados por el botellón descubrieran la existencia del aparato, la posibilidad de comprarlo y su efectividad en países como el Reino Unido, donde numerosos establecimientos comerciales recurren a él para combatir el vandalismo juvenil.

El responsable de la iniciativa, a pesar de criticar la utilización de "mecanismos selectivos de control social", garantizó la efectividad del mosquito y explicó que el sonido que genera y que sólo perciben los menores de 30 años se vuelve insoportable si se escucha durante más de 20 minutos.

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