¿Sabías que gracias a las propiedades saludables del jengibre puedes mantener a raya la gripe? Esta raíz, muy popular en la cocina japonesa, cada vez se consume más en España y en Europa. De hecho, su origen se sitúa tanto en Asia como en Europa.

El jengibre es barato, versátil y está ampliamente extendido, tanto en grandes superficies como en locales más especializados. Esta raíz tiene un aroma muy particular y ofrece un sabor picante realmente adictivo.

En gastronomía se usa en numerosos platos; sin embargo, es la cocina japonesa la que más uso ha hecho de esta planta a lo largo de la historia. La expansión de esta gastronomía en todo el mundo ha permitido también que el jengibre hoy día sea conocido casi en cualquier rincón del planeta.

¿Cómo tomar jengibre y cuáles son sus propiedades?

El jengibre se toma seco, fresco, en polvo y en otros formatos. Se utiliza para infusiones, pasteles, sopas, platos de cuchara. A su vez, es también un componente común en la industria cosmética, pues el gingerol es un aceite esencial cargado de propiedades medicinales.

La composición del jengibre incluye también minerales y vitaminas variadas. Muchos expertos lo consideran un superalimento que puede incluso prevenir enfermedades como el cáncer. Menos grave, pero también preocupante, son la gripe y los catarros.

Tomar infusiones de esta planta con limón es un remedio casero de gran utilidad para reforzar el sistema inmunológico. La raíz presenta también propiedades adelgazantes, pues estas infusiones activan el sistema digestivo y aceleran el metabolismo.

Muy vinculado a estas acciones en el organismo está su ayuda frente al asma o la reducción de los dolores musculares. En la medicina tradicional, el jengibre es una planta con amplias propiedades. Otro aspecto interesante que no hay que dejar de lado es la capacidad del jengibre para bajar los niveles de azúcar. Una ingesta moderada y constante de este superalimento reduce el colesterol y baja los niveles de azúcar, aumentando los de insulina.

Por último, tomar esta raíz, con su sabor picante y su agradable aroma, ayuda a combatir la halitosis y elimina la proliferación de bacterias en la boca. Esto se traduce en menores opciones de sufrir enfermedades bucales como la gingivitis o la periodontitis.