Dos años han pasado desde la última vez que tuvimos unas vacaciones de Semana Santa normales.

Sin restricciones a la movilidad, en plena gripalización de la Covid-19 y a punto de quitarnos las mascarillas en interiores, estos días se van a parecer bastante a aquellas lejanas vacaciones del 2019. 

Con el coche puesto a punto y siguiendo las nuevas normas viales, todo parece preparado para llegar sin problemas al destino.

Pero hay otro aspecto que probablemente no hayamos tenido en cuenta y es muy importante para tener, nunca mejor dicho, la fiesta en paz y sin sobresaltos.

¿Sabes si esa pastilla para la tensión, el dolor o el resfriado que arrastramos, puede afectar a nuestra forma de conducir? 

Hay determinados medicamentos que pueden afectar las capacidades que requiere una conducción segura.

Cualquier medicamento puede disminuir nuestra capacidad para conducir

El Ministerio de Sanidad avisa de que hay determinados medicamentos que pueden afectar las capacidades que requiere una conducción segura. 

Y no hablamos solo de aquellos prescritos por un médico, sino también de los que compramos en la farmacia sin receta médica, incluidos los productos hechos con plantas medicinales. 

Entre los afectos adversos relacionados con la conducción que producen las medicinas, los más frecuentes son:

  • Somnolencia.
  • Dificultad de concentración. 
  • Visión doble o borrosa.
  • Vértigo
  • Disminución de reflejos.

Algunos fármacos pueden causar somnolencia, falta de reflejos o problemas de visión.

¿Qué medicamentos son más peligrosos a la hora de coger el coche?

Hay algunos fármacos cuyos efectos adversos pueden poner en peligro nuestros reflejos y reacciones a la hora de conducir. Los más frecuentes son aquellos destinados a tratar enfermedades tan dispares como un catarro o una epilepsia: 

  • Los antihistamínicos utilizados en caso de alergia.
  • Tratamientos para infecciones oculares.
  • Los antigripales o anticatarrales. Esto es importante porque la gripe está teniendo mayor incidencia en las últimas semanas.
  • Analgésicos para el dolor.
  • Fármacos contra las migrañas.
  • Hipnóticos para los problemas de sueño.
  • Ansiolíticos.  
  • Antidepresivos.
  • Antipsicóticos. 
  • Tratamientos para la epilepsia.
  • Fármacos contra el Párkinson.
  • Medicamentos para la demencia.

El envase y el prospecto del medicamento nos indican los efectos adversos.

¿Cómo saber que el medicamento puede afectar a la conducción?

Como hemos visto, el abanico de posibilidades que puede hacer que acabemos poniéndonos al volante del coche tomando unas pastillas o un jarabe, es muy amplio.

Por eso es muy importante que nos aseguremos sobre los riesgos o la seguridad si vamos a coger el coche. Y la mejor manera de hacerlo, y la más sencilla, es mirar el envase y el prospecto. 

En la caja, un pictograma con un coche dentro de un triángulo, como el que vemos en la imagen superior, ya nos advierte. Pero cuidado, porque como aclaran desde el Ministerio de Sanidad, este signo es una recomendación. Nadie le está prohibiendo conducir si toma esa medicina. 

Luego, dentro del prospecto encontraremos una sección bajo el epígrafe "Conducción y uso de máquinas", donde se desarrollan las precauciones que se deben tomar. 

La medicina que tomo afecta a mi capacidad de conducir ¿Qué hago?

Pues una vez repasado el prospecto y estudiados los efectos adversos, que probablemente ya hayamos experimentado, es importante que nos preguntamos si podemos conducir o no.

Y para responder a estas preguntas los expertos del Ministerio de Sanidad ofrecen algunas recomendaciones: 

  • Lo primero es seguir las indicaciones de toma de la medicación que le ha dado su médico. En ningún caso se debe interrumpir la medicación y ante cualquier duda lo mejor esd volver a consultar al especialista. 
  • Es recomendable ver cómo son los efectos secundarios de ese medicamento, en cada caso. Y si nos provoca somnolencia, debilidad o visión borrosa, lo mejor es no conducir. Eso sí, nunca dejar de tomarlo. 
  • Según el tipo de medicación que esté tomando, evite conducir los primeros días del tratamiento o si le han cambiado la dosis.
  • Nunca se debe tomar alcohol si se va a poner al volante, pero mucho menos si estamos medicándonos. 
  • Respetar siempre la dosis y el horario establecido por el profesional para la toma del fármaco. 
  • No hay que automedicarse.
  • Si por su profesión tiene que conducir de forma habitual, coméntelo con su médico para valorar la medicación.