14 de noviembre de 2010
14.11.2010
SITUACIÓN DE LOS TITULADOS CORUÑESES EN ÉPOCA DE CRISIS

Licenciados en precariedad laboral

Coruñeses que han terminado su formación universitaria en plena crisis económica tienen que conformarse con trabajos temporales ajenos a su carrera por la escasez de oportunidades

14.11.2010 | 01:51

"De nada me sirve haber pasado cinco años en la universidad y tener un máster para conseguir un trabajo", asegura Marta Vázquez, licenciada en Filología Gallega. Como ella, muchos coruñeses se encuentran con un desalentador mercado laboral al finalizar sus estudios, por lo que no les queda otra que aceptar empleos esporádicos para los que están sobrecualificados. Algunos, ante la desesperación y la imposibilidad de encontrar un empleo, continúan formándose para mejorar su currículum e incluso se plantean la preparación de unas oposiciones. Pero convertirse en funcionario también se ha complicado por la drástica reducción de plazas

Marta es licenciada en Filología Gallega pero mientras prepara oposiciones a la Administración Pública da clases particulares a seis estudiantes de Secundaria. Algo parecido le sucede a Lidia, quien compagina las prácticas de su carrera con su trabajo por horas como canguro de un niño de tres años. Victoria ni siquiera puede decir que trabaje o haya trabajado en algo que no está relacionado con su carrera de Publicidad porque tras dos años probando suerte en ofertas de todo tipo sin éxito, ha vuelto a la universidad para estudiar Enfermería y sobre todo "seguir en activo".

Estos son sólo algunos ejemplos de los coruñeses titulados que por culpa de la crisis y las dificultades para encontrar un puesto estable acorde con sus estudios se ven obligados a aceptar otras ofertas temporales que requieren una formación inferior y con condiciones laborales bastante precarias.

Esta situación la padecen muchos jóvenes de entre 18 y 29 años muy preparados académicamente, que cuando finalizan su formación se encuentran con un mercado laboral que apenas les ofrece oportunidades para coger experiencia. A este grupo, unos los conocen como generación perdida y los más pesimistas como generación cero.

Según los datos de la Encuesta de Población Activa del segundo trimestre del 2010 (EPA), 68.000 gallegos de 16 a 29 años buscan empleo, lo que eleva la tasa de paro en este colectivo al 27%, un porcentaje un poco inferior a la media nacional, que se sitúa en el 31%, pero aún así los resultados son negativos y empeoraron en cuatro puntos porcentuales si se comparan con el mismo periodo del año anterior. El hecho de tener un trabajo no va unido a la estabilidad, ya que más de la mitad de los gallegos en esta franja de edad (un 51,3%) están asalariados con un contrato temporal, lo que sitúa a Galicia como la quinta comunidad con mayor tasa de temporalidad.

La inestabilidad laboral provoca que muchos jóvenes tengan serias dificultades a la hora de independizarse, pues sólo el 25% lo consigue en la autonomía gallega y al resto no les queda más remedio que seguir dependiendo de su familia.

Ante esta situación, algunos recién titulados prefieren prolongar el tiempo de formación de manera indefinida con másteres, posgrados o cursos que enriquezcan su currículum, con la esperanza de ganar méritos y tener más posibilidades de encontrar empleo, aunque suele ser una alternativa poco viable. "No todo el mundo puede permitirse el lujo de vivir de sus padres mientras espera a que le llegue su oportunidad", explica Lidia Presa, licenciada en Psicología.

Las oposiciones tampoco son una opción con demasiadas garantías en este momento, ya que debido a la recesión, las administraciones han reducido de forma drástica la oferta de plazas. Así lo lamenta Lidia, quien ve su futuro incierto porque de los 200 psicólogos gallegos que se gradúan cada año, sólo salen cuatro puestos para la Xunta y es normal que "la gente tire la toalla". La coruñesa sabe que lograr su objetivo requiere "una carrera de fondo de muchos años". Aún así insiste en que quiere probar suerte para lo que se ha preparado y lo que "realmente" le gusta.

Marta Vázquez, identidad falsa, porque no quiere que la gente que la conoce "se preocupe", ya tiene experiencia como opositora. Hace cuatro años terminó la licenciatura de Filología Gallega en la convocatoria de diciembre y en junio del año siguiente se presentó a las plazas de la Consellería de Educación para profesora de instituto. Aunque no consiguió un puesto fijo, durante dos cursos estuvo cubriendo de forma intermitente bajas laborales. "A veces no compensa si tienes que desplazarte, pero tampoco puedes rechazar ninguna oferta sino te sacan de las listas", aclara la joven.

"Hice una carrera, un máster en edición y tengo varios cursos, y nada de eso ha servido para obtener estabilidad", se lamenta Marta. De hecho, hasta ahora, relacionado con su campo, aparte de las sustituciones de docentes, sólo ha conseguido participar como colaboradora en varias editoriales de forma esporádica durante tres años, aunque ya ha comprobado de qué manera ha llegado la crisis a este sector.

La recesión también ha limitado las salidas profesionales de las titulaciones universitarias. La joven se ha cansado de mandar currículum a colegios tanto públicos como privados y a academias sin obtener respuesta. Por su parte, la coruñesa Lidia Presa explica que para labrarse un futuro en Psicología, las únicas alternativas son especializarse o irse fuera, ya que "es impensable abrir tu propio consultorio porque los pacientes suelen acudir a profesionales de nombre y con una larga trayectoria".

Marta Vázquez reconoce que la estabilidad económica es fundamental. "No puedo esperar a que la Xunta convoque las oposiciones de mi carrera y tengo que buscar otras opciones", asegura. Por eso, se encuentra inmersa en la preparación del temario común de las oposiciones para la Administración, "donde hay más posibilidades", sin dejar de lado las de su especialidad. "La ilusión es un aliciente para luchar por lo que quiero pero la necesidad me obliga a recurrir a otros campos", dice.

Marta también tiene un amplio currículum en el mundo de los trabajos temporales que nada tienen que ver con su formación. "Cualquier cosa vale, desde dependienta hasta comercial y por lo menos te resuelve la vida durante unos meses", explica esta joven que desde que finalizó su carrera vive en A Coruña. Sabe muy bien de lo que habla porque trabajó en bastantes promociones y en tiendas de forma ocasional. Incluso en estos puestos la competencia es dura porque "te exigen experiencia y hay mucha gente en el paro que responden mejor a este perfil", explica.

Ahora Marta da clases particulares a domicilio a seis niños de Secundaria una o dos veces a la semana y hace números para compaginar los horarios de sus alumnos con la preparación de sus oposiciones. Aunque pide a gritos estabilidad, en este tipo de trabajos prefiere las promociones esporádicas porque "compensa más que aceptar un contrato de varios meses con un horario más rígido y que al final se quede en nada". "Nunca sabes si tomas la decisión correcta", resume esta licenciada, víctima de la precariedad laboral.

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