De todo había ayer junto a las mesas electorales. Desde los más volcados con la política universitaria, concienciados con la importancia de votar, hasta quienes intentaban recordar, a la puerta de su facultad, cómo se llamaba "el candidato del nombre gracioso". Una vez más, la abstención tuvo un papel protagonista entre los estudiantes, bien por pereza, por desinterés o incluso, explicó alguno, por cursar un máster que implica pasar menos horas en el centro que otros alumnos, por lo que no se sienten tan vinculados a la institución como para participar en los comicios que elegirán al sucesor de José María Barja al frente del gobierno de la Universidade da Coruña después de ocho años en el cargo, límite temporal que él mismo promovió.

En la Facultad de Derecho, por ejemplo, a menos de una hora del cierre de las urnas, que se produjo a las 19.00 horas, habían votado 231 estudiantes de los 1.405 censados en ese centro, apuntó la presidenta de la mesa electoral reservada a los alumnos de esa facultad, Marta García, quien explicó que la jornada había transcurrido con normalidad y sin incidencias. La anécdota del día, relató García, fue la de un estudiante que olvidó que el voto es secreto se identificó en ella: en el lugar en que debía poner el nombre y los apellidos del candidato a quien deseaba otorgar su voto, puso los suyos propios. En la mesa reservada al profesorado, de la que era miembro el profesor de Derecho Procesal Xulio Ferreiro, dominó también la normalidad. El docente aseguró que lo más reseñable era que algún alumno se disponía a depositar su papeleta en esa mesa por error.