. l Vatileaks, la reiterada filtración de documentos confidenciales de la Santa Sede, ha traído unos efectos colaterales entre los que el más significativo, por no decir simpático, es que las clásicas y periódicas quinielas sobre los papables han sido sustituidas por las concernientes al posible sucesor de Secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Tarcisio Bertone, que como se sabe ha estado señalado, con razón o sin ella, como centro de los huracanes alto eclesiásticos de los últimos meses.

No obstante, el entretenimiento de buscarle sustituto a Bertone puedo haber sido atractivo durante semanas, pero, como si el Papa Benedicto XVI hubiera querido atajarlo, antes de retirarse durante la canícula a Castelgandolfo, hizo público un afectuoso texto dirigido a su hombre de confianza en la Secretaria de Estado.

Yendo por las etapas de este singular tour, sucedió que hace unos meses el vaticanista John L. Allen, del National Catholic Reporter, de EEUU, publicó la primera quiniela potente sobre el next pope, que es un clásico de la literatura periodística americana, tan audaz, aunque no tan diferente al resto de la cristiandad, comenzado por la propia prensa italiana.

Allen proponía once nombres deducidos de sus últimos sondeos por las aceras de Roma y los clasificaba en tres grupos: primeros espadas, posibles y de largo alcance.

Entre los primeros sitúa al cardenal Angelo Scola, de 70 años, arzobispo de Milán. No son pocos los que afirman que si antes de exhalar su último aliento Benedicto XVI dijera un nombre -cosa que muy posiblemente no hará-, sería el de Scola. A este le sigue en relevancia el cardenal Marc Ouellet, de 67 años, canadiense y prefecto de la Congregación de Obispos, es decir, aquel por cuyas manos pasan los nombramientos de todas las mitras de la cristiandad. El tercero entre los primeros sería el argentino Leonardo Sandri, de 68 años, prefecto de la Congregación para la Iglesias Orientales, un dicasterio menor, pero no privado de capelo cardenalicio. Sandri es un hombre muy próximo a España y un buen conocido del arzobispo Carlos Osoro, que le llevó a Covadonga en un apacible anochecer de hace unos años. Fue también el número dos de Angelo Sodano, anterior Secretario de Estado y columna del pontificado de Juan Pablo II, y es por tanto un diplomático.

Entre los que tienen "algunas posibilidades", Allen enumera a Erdo, húngaro de 59 años y arzobispo de Budapest; Bagnasco, arzobispo de Génova de 69, y Scherer, brasileño de 62 y titular de São Paulo. Y, por último, los de "larga perspectiva" serían Ravasi, de 69 y presidente del Pontificio Consejo de la Cultura; Turkson, de 63, de Ghana, y presidente de Justicia y Paz; Sarah, de Guinea, de 66 años, presidente del Pontificio Consejo Cor Unum; Dolan, arzobispo de Nueva York, con 62, y Tagle, de 54 años y arzobispo de Manila.

La verdad es que una quiniela tan amplia resultaría poco efectiva, incluso para las casas de apuestas que en internet abren la veda en cuanto un papa comienza a agonizar. No obstante, destaca el dato general de la relativa juventud de los propuestos por Allen, lo que hace barruntar que el Vaticano esperaría un pontificado largo tras el previsiblemente corto de Benedicto XVI.

Pues bien, en éstas estábamos cuando lo que han surgido por los hondos pasillos y luminosos sótanos del Vaticano han sido las quinielas para suplir a Bertone, si es que el Papa precipitase su jubilación. En las conjeturas para la Secretaria de estado se repiten los nombres de Sandri y Ouellet, pero también aparecen el francés Dominique Mamberti, "ministro de Asuntos Exteriores" de la Santa Sede y el suizo Jean Claude Perisset, nuncio en Berlín. Por tanto, los rumores de palacio apuntan a un diplomático, perfil que desde luego Bertone ni poseía ni ha incorporado.

Pero el último capítulo de esta historia es que llegó el comandante y mandó a parar. El pasado dos de julio, Benedicto XVI tomó la pluma y le escribió a Bertone que "deseo expresarle mi profunda gratitud por su discreta cercanía y por su iluminado consejo", y que "habiendo notado con tristeza las injustas críticas que se han lanzado contra su persona, quiero renovarle la seguridad de mi confianza personal". O sea, todos quietos con las quinielas.