10 de mayo de 2015
10.05.2015

El enemigo silencioso de la mujer

Siete de cada diez casos de cáncer de ovario se diagnostican en fases avanzadas por la ausencia de síntomas específicos y de programas de cribado - Afectadas piden invertir más en investigación

10.05.2015 | 01:55

Hace un año y medio que Elena inició una dura batalla contrarreloj por salvar su vida. Hoy declara orgullosa que tiene "un máster en supervivencia". Razón no le falta. Ha conseguido superar una de las patologías ginecológicas más temidas, que afecta cada año a unas 250.000 mujeres en todo el mundo, y a alrededor de 3.200 en España: el cáncer de ovario. Fue durante una visita rutinaria a su médico de cabecera cuando, en su caso, saltaron las alarmas. "Llevaba algún tiempo cansada, con hinchazón en el abdomen y con irregularidades en la menstruación, pero no le había dado demasiada importancia. Al tener 46 años, pensaba que esos síntomas estarían relacionados con el inicio de la menopausia. Sin embargo, al comentárselo a mi médico de cabecera decidió, con muy buen criterio, derivarme al ginecólogo, quien después de hacerme varias pruebas, entre ellas una ecografía transvaginal, confirmó el peor de los pronósticos: tenía un tumor de 8 centímetros en el ovario izquierdo", explica Elena. "Cuando recibes una noticia así sientes que tu mundo se derrumba. Nadie está preparado para escuchar que tiene cáncer. En ese momento, te quedas noqueado, tus oídos se cierran a todo lo demás. Da igual que te hablen de pronóstico, de tratamientos o de tasas de supervivencia. Solo pensaba en cómo se lo iba a contar a mi marido y a mis hijos", recuerda, emocionada.

El de ovario es el quinto cáncer de mayor incidencia en mujeres, por detrás del de mama, el colorrectal, el de endometrio y el de pulmón, y el segundo ciñéndose sólo a los tumores ginecológicos. Si se ataja en los estadíos iniciales -cuando apenas se manifiesta con síntomas o son inespecíficos-, las probabilidades de curación son enormes -en torno a un 94% de supervivencia medida a los cinco años-, pero esto solo sucede en uno de cada cinco casos. La gran mayoría -entre el 70 y el 80%, según los datos de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM)- se diagnostican en una etapa avanzada de la enfermedad, cuando ya ha empezado a mostrar su peor cara, por lo que la supervivencia media ronda el 44%.

"El primer gran problema del cáncer de ovario es su naturaleza silenciosa y traicionera, ya que no da pistas en sus inicios, de ahí que se suela diagnosticar cuando está en un estado más avanzado", advierte la presidenta de la Asociación de Afectados por el Cáncer de Ovario (Asaco), Paz Ferrero, quien insiste en que "con una simple citología no se detecta este tipo de cáncer, aunque sí el de cérvix (cuello de útero)". "Por eso es tan importante someterse a revisiones ginecológicas completas de manera periódica", subraya Ferrero. El examen pélvico, los marcadores tumorales y la ecografía transvaginal son algunos métodos para la detección precoz de esta patología, aunque "sólo con la primera prueba no suele ser suficiente". "También es fundamental que las mujeres conozcan y escuchen a su cuerpo, y que sepan identificar cuáles son los síntomas de alarma que pueden hacer sospechar de la existencia de un cáncer de ovario. De esta manera, podrán acudir al especialista/oncólogo a tiempo de intervenir el tumor y que éste no progrese", insiste la presidenta de Asaco.

¿Cuáles son esas señales de alarma? "Aumento del perímetro abdominal, hinchazón persistente en esa zona, sensación de plenitud tras comer escasas cantidades de comida, necesidad de orinar con más frecuencia de lo habitual o dolor en la región pélvica", apunta Paz Ferrero. "Algunos de esos síntomas son inespecíficos, comunes a ciertos problemas gastrointestinales e incluso a la menstruación, pero si persisten en el tiempo (durante más de tres semanas) pueden alertar de la presencia de un tumor, por lo que conviene ir a un especialista para descartarlo", subraya.

Junto con la naturaleza silenciosa de esta enfermedad, el segundo gran problema que dificulta el diagnóstico precoz del cáncer de ovario y que, por tanto, condiciona la supervivencia de las afectadas, es la inexistencia de programas específicos de cribado. "Así como para el cáncer de mama está la mamografía, para el de colon la prueba de sangre en heces (y posterior colonoscopia) y para el de cérvix -o cuello de útero- la citología anual, para detectar de forma precoz el cáncer de ovario no hay ninguna prueba validada", reconoce la presidenta de Asaco, quien lamenta que "no se invierta más en investigación", un hecho que atribuye a que la incidencia del cáncer de ovario "no es tan alta como la de otras patologías, como el de mama". En los últimos años sí se han dado algunos pasos. La última novedad es un análisis de sangre, aún en fase experimental, que podría detectar el cáncer de ovario epitelial (el más común, entre el 85 y el 90% de los casos) con un 86% de probabilidad, tal y como publicaron investigadores de la University College London, hace unos días, en la prestigiosa revista Journal of Clinical Oncology. Los científicos británicos analizaron a más de 46.000 mujeres. Los resultados, avanzan, son "prometedores".

Componente hereditario

El cáncer de ovario afecta, en su mayoría, a mujeres que ya han pasado la fase de reproducción. La media de edad de las pacientes ronda, de hecho, los 60 años, pero también se diagnostica en jóvenes que en algunos casos ni siquiera han superado la treintena. Junto con la edad, el estilo de vida puede ser otro factor de riesgo, aunque "hay mujeres que aún llevando una vida saludable han sufrido la enfermedad", apunta Paz Ferrero. Lo que sí está claro es que en el cáncer de ovario el componente hereditario puede jugar un papel importante. De hecho, la mutación de los genes BRCA1 y BRCA2 dispara entre 30 y un 60% las posibilidades de desarrollar esa patología.

Los tratamientos, dependiendo de las circunstancias de la paciente y del estadío de la enfermedad, suelen incluir cirugía, quimioterapia, radioterapia u hormonoterapia. Desde Asaco insisten en que "una buena cirugía" aumenta "considerablemente" las posibilidades de sobrevivir y disminuye el riesgo de sufrir recaídas. "Por eso pedimos que sean siempre los mejores especialistas, aquellos que tengan una mayor experiencia -que no les importe delegar en un compañero, si fuese necesario- quienes operen a las pacientes con esta enfermedad, ya que del resultado de esa intervención va a depender, en buena medida, el éxito del tratamiento posterior", recalca la presidenta de la asociación.

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