26 de diciembre de 2017
26.12.2017

Dar clase en el hospital o 'entre rejas'

Unos setenta profesores gallegos imparten docencia fuera de las aulas, a niños convalecientes en sus caras, que reciben quimioterapia en el hospital o a presos

26.12.2017 | 02:16

Conjugar la prioridad del cuidado emocional o "enseñar a convivir" con el desarrollo académico de niños o adultos, en formación libre o pautada. Es el "reto diario" de unos 70 profesores que en Galicia comparten, ya sea a domicilio, en el hospital o entre rejas, la experiencia de dar clase fuera de un centro educativo.

Aunque cada escenario conlleva metas específicas y no se prepara igual una clase para un niño en quimioterapia en el hospital que se intenta "formar" para que no vuelva a delinquir a un preso, los docentes sin colegio sí que coinciden en un extremo: "La parte estrictamente académica es secundaria".

Luego llegan los matices. El colectivo más numeroso de profesores que desempeñan su labor fuera de un centro educativo en Galicia es el de las cárceles. Este curso son 51 los docentes destinados a los centros de educación para adultos de las cinco prisiones gallegas.

Los datos facilitados por la Consellería de Educación constatan que, en diciembre de 2017, cursan estudios en estos centros un total de 873 alumnos, aunque la movilidad de los reclusos hace bailar las cifras. En el curso 2016-2017 el número de matriculados ascendió a 1.422.

La oferta es amplia, reglada y no reglada. Por ejemplo, se imparten enseñanzas básicas iniciales, de ESO para adultos, y Bachillerato (en los centros de Teixeiro, A Lama y Bonxe). Sobre el grado de promoción y teniendo en cuenta la movilidad, el curso pasado alcanzaron una evaluación positiva 333 alumnos. Juan Carlos Vilar dirige el centro docente de A Lama y tiene muchos años de experiencia a sus espaldas. "La principal diferencia es que en otros centros la prioridad es tener un título y aquí no; los alumnos no están presos por no haber tenido un título", explica, antes de recalcar que trabaja con personas que han tenido "una vida muy dura". "Son personas que han aprendido a sobrevivir, que vienen de ambientes sociales marginales, de familias desestructuradas e incluso de países en conflicto; ahora tenemos que enseñarles a convivir, no darles un título. Si no, únicamente tendríamos delincuentes con títulos y se trata de que no vuelvan a delinquir, de formar personas", reflexiona.

Satisfecho con su trabajo, desmiente un prejuicio con el que, admite, suele encontrarse a menudo cuando fuera de la cárcel le preguntan por su actividad: el "principal problema" no es la agresividad. De hecho, cree que en las aulas entre rejas hay menos incidentes que "en los centros de la calle, sobre todo si se habla de barrios conflictivos".

En torno a otra veintena de profesores se reparten entre la atención educativa domiciliaria para los niños cuya salud no les permite asistir regularmente al colegio y también la atención domiciliaria, dos opciones que los padres deben conocer y que aportan "tranquilidad y normalidad" a veces en condiciones "muy difíciles" para las familias.

La atención a domicilio se rige por un protocolo de la Xunta que fija en diez días el plazo máximo entre la recepción de una solicitud y la resolución de los casos. Según informa Educación, es la familia la que debe presentar en su centro escolar la solicitud con el preceptivo informe médico. A partir de ahí, el profesorado tutor elaborará un informe sobre el alumno que, junto con la petición de la familia y el informe médico, deberá remitirse a la jefatura territorial de Educación correspondiente, que es el órgano encargado de resolver. En la resolución, se hará constar la asignación horaria y la duración de la atención.

Mientras recibe enseñanza en su casa, el profesor deberá estar acompañado por un miembro de la familia. Y "responder a las necesidades de las familias" es, precisamente, una de las principales demandas de Elena Gómez, recién jubilada, pero que trabajó muchos años en atención educativa domiciliaria en la zona de A Coruña. Ve a los docentes que desempeñan esta tarea como "mediadores" para que el niño no pierda el contacto con su centro. "Atender las necesidades reales", remarca Gómez, partidaria de que, si hay que priorizar, se invierta más en personal y se haga una selección adecuada. Para atender a menores, a veces en situaciones muy difíciles, en su casa, ve "imprescindible" tener vocación.

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