04 de marzo de 2018
04.03.2018

YouTube siembra la conspiración universal

La plataforma de vídeos incrementa las ganancias de los promotores de mentiras con sus recomendaciones de visionado

04.03.2018 | 00:54

La verdad también debería contabilizarse como baja grave junto a los 17 estudiantes muertos y a las 14 personas hospitalizadas tras la masacre perpetrada por el joven Nikolas Cruz en la escuela norteamericana de Parkland (Florida, EE UU) el pasado 14 de febrero.

Tras el tiroteo se desató en las redes sociales en Estados Unidos otra balacera propagandística que trataba descalificar a las víctimas que salían públicamente exigiendo limitaciones a la venta de armas. Esa campaña de desinformación sin escrúpulos -con tesis próximas a la visión de un país armado hasta los dientes de la poderosa y ultraconservadora Asociación Nacional del Rifle, que tantos millones puso en la campaña electoral de Trump- pretendía convencer a los norteamericanos de que aquellos muchachos traumatizados que pedían protección para que nadie más pudiera ir de safari a su colegio eran en realidad "actores de crisis"; es decir, activistas que habían viajado a Florida para ponerse delante de la cámaras e interpretar el papel de las víctimas y colar sus tesis favorables al control de armas. En concreto, la campaña se focalizó en un telegénico estudiante de 17 años llamado Daniel Hogg.

Pero al fijarnos en los vídeos contra Hogg sólo veíamos la punta de un iceberg gigantesco de peligrosas invenciones que se aparece con extrema facilidad a cualquiera que recale en uno solo de estos mensajes. Jonathan Albright, director de investigación del Tow Center for Digital Journalism de la Universidad de Columbia, acaba de publicar un artículo en la plataforma Medium en el que desvela hasta qué punto la circulación de la micropropaganda de los "actores de crisis" incentiva el reverdecimiento de lo que él denomina "ecosistema conspiranoico", un mundo plagado de todo tipo teorías de la conspiración y falsedades. Una "distopía cultural" con millones de visitas, precisa Albright.

Su análisis se centra en la plataforma de vídeos de YouTube y en qué nuevos vídeos recomienda a cada usuario cuando se termina el visionado del anterior. Albright buscó en YouTube vídeos que aludieran a los "actores de crisis" de Parkland. Encontró 256 y constató que las recomendaciones de la plataforma para un siguiente visionado llevaban al usuario a otros 9.000 vídeos que hablaban sobre diversas teorías de la conspiración, desde el asesinato de Kennedy, al atentado de Oklahoma City o a los ataques del 11-S. Vídeos empapados en mentiras disfrazadas de supuestas verdades que habían permanecido ocultas al público. En total, todo ese vergel falsedades tenía 4.000 millones de visionados, calculó Albright.

Basta un sólo vídeo y dejarse guiar por el algoritmo de selección de contenidos de YouTube para entrar en esa espiral de mentiras y teorías delirantes que no tiene fin. Pero no sólo es el daño que se causa a la razón. También, cómo no, hay quien se lucra con ello. Basta un solo vídeo para que el algoritmo de YouTube acarree nuevas visitas a otros vídeos conspirativos y, por tanto, aumenten los ingresos por visionado que reciben de esta plataforma aquellos que se dedican a difundir los mensajes más torticeros, delirantes y peligrosos para la salud mental individual y social.

"Cada vez que hay un tiroteo masivo o un suceso terrorífico, debido a la reacción posterior, el género de la conspiración crece en YouTube en tamaño y en valor económico", escribe Albright. "Los algoritmos de búsqueda y recomendación garantizarán naturalmente que estos vídeos estén conectados y, por tanto, tengan más alcance. En otras palabras, debido a la profundidad cada vez mayor de las ofertas de contenido y a la optimización continua de los algoritmos de YouTube, cada vez es más difícil contrarrestar este tipo de campañas con información real y objetiva", añade este experto en periodismo digital.

Es un tiroteo masivo contra la verdad perpetrado "por el mejor sistema de recomendación del mundo", como define Albright al algoritmo de YouTube que invita a ver nuevos vídeos a partir de los datos que el usuario le ha suministrado con sus preferencias anteriores. Albright reclama más filtros y moderadores humanos para evitar que, sobre todo, los usuarios más vulnerables, como los niños, acaben aspirados por la oscuridad de este túnel de engaños.

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