10 de agosto de 2018
10.08.2018

Lluvia de Perseidas en Galicia | Claves para ver las 'lágrimas de San Lorenzo'

El pronóstico de cielos despejados este fin de semana ayuda pero hay más factores que contribuyen para disfrutar del espectáculo estelar en esta cita con el firmamento

10.08.2018 | 09:34
Lluvia de Perseidas en Galicia | Claves para ver las 'lágrimas de San Lorenzo'

El pico de actividad de los meteoros tendrá lugar entre las 22:00 horas del domingo 12 y las 10:00 horas del lunes 13

La lluvia de Perseidas llega este fin de semana a Galicia. La cita anual con el firmamento y las Perseidas, la lluvia de estrellas más popular y la que, por coincidir en pleno agosto, reúne a más aficionados, se podrá disfrutar en casi cualquier punto de la geografía gallega ya que las previsiones meteorológicas hablan de cielos despejados hasta el domingo 12, el día de mayor actividad de las también conocidas como lágrimas de San Lorenzo, que ya se pueden ver desde hace días. Para entonces se prevé la entrada de nubes y tal vez lluvias pero los expertos no dan esa noche por "perdida" porque las nubes podrían adelantarse o retrasarse unas horas y conceder una tregua que permita disfrutar del espectáculo.

Ver la lluvia de Perseidas en Galicia requiere seguir algunos pasos claves. Es fundamental alejarse de los centros urbanos para evitar la luz artificial y la recomendación básica es tumbarse en el suelo para tener una perspectiva más amplia del firmamento. En la agenda hay muchas opciones para hacerlo en compañía de otros aficionados y con extras como música en directo o los consejos de astrónomos a través de los cuales se puede conocer el origen del fenómeno -las Perseidas son los restos de un cometa que atravesó la atmósfera en 1992- o dónde están la estrella polar y las diferentes constelaciones. "Es muy interesante aprender un poco más de paso que se ve lo bonito que es un eclipse o lo interesante que es la lluvia de estrellas porque hay procesos físicos, químicos, termodinámicos... y, en definitiva, porque los cielos estrellados son patrimonio de la humanidad y están para verse", indica la astrofísica Ana Ulla.

"Para entender la fascinación de la humanidad ante el cielo estrellado necesitaríamos a un antropólogo pero lo cierto es que hasta hace cien años no teníamos luz eléctrica y lo que teníamos por la noche eran las estrellas, la vía láctea y los fenómenos astronómicos", remarca Ulla, patrona de la Fundación Ceo, Ciencia e Cultura (FC3), que celebra el auge de lo que, subraya, es un "movimiento global de volver a conectar con lo que tenemos encima de nuestras cabezas". "Cuando yo era pequeña se veían en la ciudad muchas estrellas pero es algo que se perdió muy rápidamente. Hay que iluminar, claro, pero hacerlo de forma más eficiente, eficaz, sostenible y racional porque se puede combinar ahorrar en la factura eléctrica con la preservación del cielo para el disfrute, para el conocimiento y como recurso de cultura científica", insiste.

LUGAR APROPIADO, MOMENTO JUSTO

La lluvia de meteoros de las Perseidas, que sucede todos los años hacia el 12 de agosto, tendrá su pico de actividad desde las 22:00 horas del domingo 12 hasta las 10:00 horas del lunes 13 (horas oficiales de la Península). Según informa el Observatorio Astronómico Nacional (OAN), este 2018 será un año "excelente" para poder apreciar este fenómeno porque habrá Luna nueva el 11 de agosto.

Las Perseidas, también denominadas lágrimas de San Lorenzo por la proximidad de su máximo al 10 de agosto (día de la festividad del mártir español del mismo nombre), son visibles desde todo el hemisferio norte en pleno verano. Por tanto, se pueden ver perfectamente desde España.

Las velocidades de estos meteoros pueden superar los 50 kilómetros por segundo y su tasa de actividad puede llegar a los 200 meteoros por hora. Aunque su momento de máxima actividad suele tener lugar en las noches del 11 al 13 de agosto, las Perseidas comienzan habitualmente a verse hacia el 17 de julio y terminan hacia el 24 de agosto.

No obstante, el número de meteoros observables por hora es muy variable. En un sitio bien oscuro y con el radiante alto sobre el horizonte puede superar el centenar. Sin embargo, el número de meteoros observados por hora puede variar muy rápidamente según varía la densidad de fragmentos en la estela del cometa.

Así, su alta actividad, junto con las condiciones atmosféricas favorables para la observación durante el verano boreal, hace de las Perseidas la lluvia de meteoros más popular, y la más fácilmente observable, de las que tienen lugar a lo largo del año.
Por qué suceden las lluvias de meteoros.

ALGUNOS PORQUÉS

Los cometas, según describen sus órbitas alrededor del Sol, van arrojando al espacio un reguero de gases, polvo y escombros (materiales rocosos) que permanece en una órbita muy similar a la del cometa progenitor.

Cada cometa va formando así un anillo en el que se encuentran distribuidos numerosos fragmentos cometarios. Cuando la Tierra, en su movimiento en torno al Sol, encuentra uno de estos anillos, algunos de los fragmentos rocosos (meteoroides) son atrapados por su campo gravitatorio y caen a gran velocidad a través de la atmósfera, formando una lluvia de meteoros.

La fricción con los gases atmosféricos calcina y vaporiza los meteoros que aparecen brillantes durante una fracción de segundo, formando lo que popularmente se denomina como estrellas fugaces. No se trata por tanto de una estrella, sino de una partícula de polvo incandescente.

La altura a la que un meteoro se hace brillante depende de la velocidad de penetración en la atmósfera, pero suele estar en torno a los 100 kilómetros. Sin embargo, el alto brillo y la gran velocidad transversal de algunos meteoros ocasionan un efecto espectacular, causando la ilusión en el observador de que están muy próximos. Los meteoroides de masa menor al kilogramo se calcinan completamente en la atmósfera, pero los mayores y más densos (de consistencia rocosa o metálica), forman meteoritos: restos calcinados que caen sobre el suelo.

Cada año a principios de agosto, la Tierra cruza la órbita del cometa 109P/Swift-Tuttle, que tiene un periodo de 133 años y que pasó cerca del Sol por última vez en 1992. Esta órbita está llena de partículas pequeñas, como granos de arena o menores, que han sido liberadas por el cometa en sus pasos anteriores. Cuando una de estas partículas, que formaron en su día la cola del cometa, entra en la atmósfera terrestre a gran velocidad, la fricción la calienta hasta vaporizarla a gran altura.

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