23 de agosto de 2018
23.08.2018

Un gallego con obesidad mórbida y 330 kilos de peso sufre carencia de material del Sergas

El vilagarciano Baltasar Ozores no encuentra quirófanos en la comunidad para ser intervenido de sus complicaciones n "No hay ni camillas que aguanten mi peso", señala

23.08.2018 | 00:49
Baltasar Ozores, en su domicilio de Vilagarcía.

El gallego Baltasar Ozores Layún ha llegado al extremo de su paciencia. La obesidad mórbida que padece ha alcanzado en los últimos años extremos que han condicionado su vida y la de su familia. Los 330 kilos que ahora pesa le tienen postrado en su casa la mayor parte de las horas, pero lo que es peor es que está teniendo que sufrir en su fuero interno las carencias de la sanidad pública para tratar este tipo de casos. A las dificultades derivadas de sus problemas para trasladarse por sus propios medios, se le ha unido el calvario a la que su salud se ve sometida cada vez que necesita atención médica en un centro hospitalario. La falta de material acondicionado para pacientes de obesidad mórbida extrema le ha impedido incluso someterse a una cirugía bariátrica el pasado año. El motivo lo explica el propio afectado al señalar que "no me pudieron operar porque la camilla no soportaba mi peso. No tenían medios para poder operarme. Estaba en una camilla en la que literalmente no entraba y se me clavaban todos los hierros".

El grado de desesperación de este vilagarciano es absoluto. Con problemas de sobrepeso prácticamente durante toda su vida, a sus 47 años reconoce que está atravesando por una pesadilla. No duda en afirmar que "Galicia no está preparada para tratar mi caso", y pone como ejemplo el que ni siquiera en la unidad de especialistas en obesidad mórbida de Montecelo pueden ayudarle, "no tienen allí ni una báscula que soporte mi peso. Ni siquiera las puertas o las sillas están acondicionadas. Me encuentro con problemas de todo tipo".

La ayuda que necesita Baltasar Ozores alcanza incluso lo quirúrgico. Su vesícula necesita ser operada y todas las complicaciones derivadas de ello le están agravando considerablemente el problema. Reconoce que "me dicen que no se puede operar a una persona de más de 300 kilos, pero en cambio hospitales privados en Madrid de enorme prestigio sí lo pueden hacer, pero esa operación allí vale unos 40.000 euros y yo no dispongo de ellos". A su problema de peso se le une además un considerable altura de 202 centímetros que pone aún más en evidencia las carencias del Sergas a la hora de tratar la singularidad de su caso. "Me encuentro con dificultades para cualquier cosa cada vez que me traslado a un hospital. Me tienen que quitar la vesícula y sigo esperando. Incluso no me han podido practicar una colonoscopia porque parece ser que no hay ningún quirófano preparado para ello".

Las críticas que Baltasar Ozores emite contra los medios materiales del Sergas se vuelven en alabanzas para los médicos que le atienden tanto por el servicio de HADO, atención hospitalaria a domicilio, como cuando es atendido en el Ambulatorio de San Roque de Vilagarcía. Señala desde su domicilio del que apenas puede salir que "me he encontrado a médicos y enfermeras que se desviven totalmente por mí. Me ayudan en todo lo que pueden, pero su problema es que no disponen de medios con los que poder hacer más de lo que humanamente pueden llegar a hacer por mí".

Aún recuerda con emoción como esos médicos le devolvieron a la vida en una ocasión, "llegué con 40 grados de fiebre y una frecuencia cardíaca de 240 por minuto. Me revivieron y les estaré eternamente agradecido. Ojalá pudiesen tener el material que necesitarían para poder llevar a cabo su trabajo en las mejores condiciones".

Recluído en su casa por motivos obvios, Baltasar se ha convertido en una persona dependiente. A ello se le añade la dificultad de su enorme volumen lo que obliga a un esfuerzo todavía mayor por parte de sus familiares, pero lo que más potencia el grito de ayuda es la impotencia que le genera el no disponer de un centro médico público en el que poder atender sus necesidades más urgentes. Su último paso por el quirófano fue en 2010 por el Hospital do Salnés. El motivo aquel entonces fue una hernia umbilical, pero su peso ha aumentado considerablemente en los últimos años. Un ejemplo de ello es que a los 29 años Baltasar pesaba 165 kilos, pero ahora alcanza el doble en la báscula.

Su progresivo aumento fue causándole cada vez más problemas en el ámbito laboral debido a las evidentes dificultades. Lejos quedan atrás también la posibilidad de poder disfrutar de una de sus pasiones de juventud como es la pesca deportiva. Ahora su difícil presente aspira a convertirse en un mejor futuro, posibilidad supeditada a una petición de auxilio médico que no dispone hasta el momento de la correspondencia necesaria de las autoridades sanitarias. Su derecho a vivir dignamente se convierte en la motivación de su lucha y su denuncia para que su caso no caiga en el olvido. Baltasar necesita ser intervenido, pero parece que nadie quiere asumir esa responsabilidad.

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