11 de noviembre de 2018
11.11.2018

Las víctimas invisibles del alcohol

Entre un 2 y un 5% de los adultos gallegos presentan un patrón de consumo de alcohol abusivo o tienen dependencia, lo que tiene efectos devastadores en las familias

11.11.2018 | 01:41
Las víctimas invisibles del alcohol

El alcohol destroza a quien engancha, pero también a su entorno más cercano, dejando secuelas que perduran incluso años después de que el enfermo alcohólico haya conseguido superar su adicción. Al-Anon/Alateen -grupo que sigue el programa de los Doce Pasos de Alcohólicos Anónimos- acoge a estas otras víctimas del alcoholismo, las víctimas invisibles que nadie ve porque los estragos no se manifiestan. En España, estos grupos de autoayuda funcionan desde hace 55 años. En Galicia hay cinco.

Tina [se prescinde del apellido para respetar el anonimato de Al-Anon] tiene 67 años y es miembro de uno de los grupos de Galicia desde hace quince años, aunque padece los estragos del alcoholismo desde que se casó, con 17. Hasta hace 13 o 14 años -Tina no lleva la cuenta- su marido vivía enganchado al alcohol. "Descubrí el grupo por casualidad, intentando, una vez más, buscar ayuda para que mi marido dejase de beber.", explica. Y fue un antes y un después porque le abrió los ojos a un problema que durante años los familiares de adictos al alcohol niegan.

"Al principio te lo niegas a ti mismo porque tienes la esperanza de que no sea verdad lo que te temes, que sea alcohólico. En el grupo nadie te dice qué tienes que hacer, pero aprendes a valorarte a ti misma, a no culparte de lo que hace la otra persona y a aceptar que es un enfermo y que tienes dos opciones: aceptarlo y seguir con él o dejarlo", afirma.

En su caso fue la segunda. "Hasta entonces, había sido incapaz de tomar decisiones", reconoce. En el caso de Tina, Al-Anon no solo la ayudó a ella, sino también a su marido, que tras la separación tocó fondo y pidió también ayuda para superar la adicción. Lleva casi 14 años limpio y ha recuperado la confianza de Tina, aunque la pareja no ha vuelto a casarse.

Sin embargo, el alcoholismo deja un poso amargo. Tina reconoce que sus hijos arrastran secuelas de una infancia marcada por la adicción del padre. Por eso, a quienes se encuentren en su misma situación, les recomienda pedir ayuda. "Tienen que olvidarse del alcohólico y buscar ayuda para ellos, porque al ayudarte a ti mismo, ayudas al enfermo", sostiene.

Pilar lleva casi veinte en Al-Anon. Llegó al grupo porque había comenzado una relación con un exalcohólico y necesitaba entender la enfermedad. "Tenía la necesidad de saber qué era para poder acompañarlo y el grupo me ayudó a entenderlo. Hace ya 14 años que mi enfermo alcohólico murió, pero yo sigo yendo porque quiero devolver lo que me dio a mí ayudando a otras personas que lo necesiten", explica.

Para Pilar, el alcoholismo traspasa la esfera de quien lo padece. "El alcohólico es un enfermo, pero el alcoholismo es una enfermedad de la familia porque afecta a todos", afirma, al tiempo que aboga por romper los estigmas, no ocultar la enfermedad y no hacer juicios de valor. "Hay que olvidarse del miedo. Negándolo no haces nada. Hay que buscar ayuda profesional y luego, complementariamente, estamos los grupos, que podemos ayudar porque hemos pasado por lo mismo. Además, aquí podemos hablar porque nadie juzga, algo que fuera pasa, desgraciadamente, bastante a menudo", afirma.

El alcoholismo también golpea a las mujeres. La diferencia es que en el caso de la mujer, su consumo suele hacerse al abrigo del ámbito doméstico y sus parejas son más reacias aún a pedir ayuda. Así lo reconoce Curro, uno de los pocos hombres de Al-Anon. Su caso es un claro ejemplo de que el alcoholismo es una enfermedad que acecha en silencio. "Mi mujer era abstemia convencida. Solo bebía agua. Hasta que un día, hace unos doce años, por circunstancias de la vida, comenzó a beber", explica. Esto trastocó su vida y la de sus hijas,.

"Afortunadamente, la enfermedad de la madre les pilló ya de adultas y yo les dije que se marcharan. El alcoholismo es una enfermedad poderosa, poderosísima, que afecta a cualquier persona que esté en contacto con el enfermo", dice Curro. Hace tres años, la realidad le dio de lleno en la cara y decidió buscar ayuda para él. "Vi mi reflejo en un espejo y ni me reconocí. Ahora tengo la serenidad que perdí y vuelvo a tener ganas de vivir", explica.

Su ahora exmujer aún es una enferma alcohólica y él continúa ayudándola, pero ahora no le disfraza la verdad. "He aprendido a decir 'no' y esto es una de las mejores cosas que puedes hacer, para ti y para el enfermo", afirma Curro.

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